A las madres se las diferencia con facilidad entre la multitud, por muy homogénea y compacta que ésta sea. Hagan la prueba. Si van bizcas y asfixiadas empujando un carrito que incluye bebéquellora, la tarea resultará de una facilidad próxima a la vagancia; en caso de inexistencia de carrito, simplemente hay que poner atención a un detalle la mar de revelador.
Una madre siempre, siempre, camina oblicua, en perfecto ángulo de cincuenta grados con respecto al suelo que pisa. Esta contorsión lateral viene provocada por la inclinación del hombro sobre el que descansa el famoso sacobolso, una especie de petate que ella carga a modo de divina cruz y que jamás combina con lo que lleva puesto, por la pereza tremebunda que da hacer el trasvase de enseres de uno a otro ejemplar. Junto a la cartera o monedero tamaño baño cohabitan toallitas, kleenex, galletas desmenuzadas, un chupete con pelos, pastidecor de tres colores, horquillas, gomas, un minibrik de zumo de uva, la cámara de fotos, las llaves que abren casas y coches y las de plástico que tienen música; el móvil que recibe llamadas y otro por el que salen pompas de jabón, un mañanito lamido con anterioridad y devuelto al envoltorio, un globo que espera ser inflado, un calcetín sin pareja, crema de manos, la funda de las gafas de sol sin las gafas de sol, papeles y tickets de compra de todas las tiendas legales conocidas y dos huevos duros.
Cualquier cosa que un mamífero necesite a largo del día y si me apuran, de su vidantera, cabe en un bolso de madre. Sin duda alguna.
Es posible que esta sherpa de espalda curva utilizara antes alguno de los clásicos diseños de moda; quizá uno de esos bolsos pequeños que duermen como pollitos bajo la axila, en los que si metes el cacao ya no hay sitio para más y tienes que salir de casa sin llaves. Pero eso era antes, cuando no sentía necesidad ninguna de garabatear el abecedario, en su versión mayúsculas y minúsculas y por colores, sobre el mantelito del restaurante antes de que trajesen la comida o cuando ni se le pasaba por la cabeza lanzar pelotitas de colores y desperdigarlas por toda la consulta del médico en los momentos de espera.
Un día comí con una madre a la que no le gustaba el menú que había pedido y sacó del bolso un tupper con croquetas de pollo y una macedonia que llevaba por si acaso. Riquísimo todo, oye. Otro día sentí frío y me obsequió con una mantita estilo patchwork que había hecho con los papeles de las chuches que tenía almacenados en el doble fondo del bolso. Ella era apañada, de eso no cabe duda, el resto me temo que nos resignamos a almacenar porquería con la esperanza de que algún día tenga su minuto de uso y gloria.
Adicionalmente, un bolsodemadre puede albergar una muda limpia por si al retoño se le olvida por un instante que hace meses que no lleva pañal y decide gritar mamapís en algún sitio público lo suficientemente concurrido para dificultar toda carrera. Espera cariño, espera, que buscamos un baño bonito - dirá ella nerviosa. No mamá, ya pis - dirá el retoño contorsionándose hacia el suelo para señalar el charquito. Es en ese momento cuando mamácguiver sacará de su bolso todo tipo de artefactos que logren subsanar el desastre. Toallitas, la muda limpia y una fregona con palo incluido que deja olor a lavanda si la fuga tiene lugar en casa de alguna amiga a la que se tenga cierto cariño. Si no, nada.
Algunos bolsosdemadre esconden también un libro, ¿Recuerdas? Ese conjunto de hojas cosidas a un lomo de extensión variable, que tiende a reposar y coger polvo sobre la mesilla de noche. Las madres más audaces llevan uno siempre consigo por si pueden echarse un parrafito o dos en el atasco mañanero o en lo que dura un paso de cebra que coincida en espacio y tiempo con la salida de una boca de metro.
Teniendo en cuenta su volumen y contenido, entenderán que la prueba más difícil para un bolsodemadre sean los aeropuertos. El momento de pasar tamaño ejemplar por la cinta que todo lo ve es en extremo vergonzoso, si tenemos en cuenta que el gordo que hay apostado frente a la tele va a descubrir toda la gente que vive dentro. Es una suerte que los terroristas internacionales no lleven bolsosdemadre, porque entre tanta porquería dime tú a mí quien es el guapo que iba a descubrir la bomba.
miércoles, 13 de octubre de 2010
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