lunes, 29 de noviembre de 2010

Reality show

Interior. Noche. Sofá del salón.

Marido y la que suscribe nos disponemos a sentarnos frente a la tele e ingerir cualquier tipo de conglomerado indigesto que los señores televiseros tengan a bien programar en la parrilla. Tres de las neuronas que nos quedan vivas claman a gritos ver algo que nos les requiera ni el más mínimo roce entre ellas, así que optamos por presionar el cinco en el mando, sabiendo que la altura intelectual de lo que sea que salga por la pantalla siempre será menor de cero. Llegamos justo a tiempo para ver el comienzo de un nuevo real show… “PADREVIVIENTES”. ¡Tomayá!

Tres hombres y tres mujeres, solteros, sin descendencia y hasta hoy desconocidos entre sí, son abandonados en una isla desierta durante ocho semanas. Tras ser arrojados desde un helicóptero y llegar a nado, y sin resuello, hasta la costa, deberán pasar por taquilla para recoger las únicas pertenencias que podrán considerar suyas durante su estancia en la isla: tres hijos ficticios como tres soles de gordos que deberán cuidar amorosamente si quieren ganar el concurso y luego dedicarse a largar vivencias por los platós.

Cada concursante deberá cuidar y amar a sus tres hijos, ayudarles con los deberes del colegio y dejarles en su clase correspondiente cada mañana sin confundirse. Cada noche, deberá bañar a los niños, preparar cenas, dar cenas, leer un libro, más una canción con mímica, más una baile opcional; por la mañana darles el desayuno, vestirles, enseñarles a que se cepillen los dientes y peinarles para que estén listos y oliendo a limpito a las ocho treinta de la mañana. Además, deberá llevar a cada niño a una cita con el pediatra, con la enfermera que vacuna, el dentista, un corte de pelo y una piscina de bolas.

Para amenizar la estancia y poner a prueba el estado de nervios paterno, cada niño practicará dos deportes acuáticos y uno cardiovascular e irá a clases de música o danza a días alternos. Cada niño tendrá a su vez tres amiguitos íntimos que cumplirán años dentro de las fechas del concurso, haciendo necesaria la realización de tartas y sándwiches por parte de los concursantes, además de diferentes disfraces de flores y/o frutas para los respectivos hijos de, por supuesto, tamaños y tallas diversas y nunca concordantes.

Cada concursante deberá ir de tiendas con al menos dos niños y arreglárselas para que alguien le cuide al tercero, probarse tres pares de pantalones sin que ninguno de ellos se le escape del probador y conseguir pagar sin que muerdan a nadie en la cola. Además, deberán asistir a reuniones en el cole, guardería y comunidad de vecinos y encontrar tiempo al menos una vez por semana para pasar una tarde en el parque o entorno socializador similar. Deberá entablar conversaciones educadas y mínimamente inteligentes con los demás padres de la isla, evitando a toda costa los insultos personales y las competiciones para ver qué hijo es mejor y cual es capaz de eructar más alto. El edredoning está totalmente permitido, si es que les queda algo de vida y prestancia de ánimo al finalizar cada jornada maratoniana… porque lo que es ginseng no hay…

Tras ocho semanas de extenuación constante, se realizará un test individual en el que cada concursante deberá recordar una serie de datos imprescindibles. A saber: el día del cumpleaños de cada niño, su altura, peso, talla de zapatos y de ropa, nombre de su pediatra, peso del niño al nacer, su longitud, el tiempo que duró el parto y posibles alergias alimenticias. El color favorito de cada niño, su segundo nombre, el mote que le han puesto los macarras de su clase, su comida favorita, canción favorita, bebida favorita, juguete preferido, cuento preferido, el miedo que da más susto y lo que quieren ser de mayores. Nombre de su profesor/a, nombre de sus mejores amiguitos de clase y el nombre de al menos tres dibujitos de la tele, nombre del canal en el que los echan y número del dial.

Como prueba final y de postgrado, deberá ser capaz de llamar a cada uno de los niños sin comenzar su nombre por las sílabas iniciales de los nombres de sus dos hermanos ficticios. Pabli- Nuri- Macarenaaaaa. No, eso no. Muy mal.

Finalmente, los tres niños de cada concursante le nominarán o no para abandonar la isla, basándose en lo bien o mal que haya cumplido con sus obligaciones y la cantidad de chuches y/o monedas de euro con que haya sido capaz de sobornarles para conseguir sus fines.

El ganador no recibe un duro, sólo una flor de miga de pan con su nombre grabado en cada hoja, elaborado por las manitas y los abalorios de sus vástagos ficticios. También el privilegio de ser llamado Mamá y Papá, con mayúsculas, al menos durante esas ocho semanas.

De vuelta a su realidad y a su pueblo, cada concursante - si no ha quedado bizco y demasiado tocado a nivel anímico y cognoscitivo - tendrá la opción de volver a repetir la experiencia, en cuyo caso el concurso durará el resto de su vida.

Divertido, ¿no?... Participen, hombre, participen…

lunes, 22 de noviembre de 2010

Libertad condicional

Esta mañana me he levantado con cierta neurastenia, de eso que no te encuentras a ti misma, ahora triste, ahora ya no, ahora ríes, ahora no. El puñetero espejo, en un intento por devolverme algo malo malísimo que le he hecho en otra vida, ha decidido escupirme a la cara la imagen de dos ojeras chorreantes como los relojes blandos de Dalí, acompañadas de una piel gris y con manchas, como de gato, y de un pelo que misteriosamente ha decidido autocardarse por voluntad propia... Todo mal, muy mal.

En otro momento de mi vida habría solucionado tal desazón con un carajillo en el bar de abajo y un par de cigarros sin filtro antes de meterme de lleno en la vorágine matinal, pero eso ya me da reparo, oye, que desde que una se convierte en madre y se le adjudica cierto respeto social, salir de un bar a las 8 de la mañana está fatalmente visto, aunque salgas peinada y sin el rímel corrido y no lleves allí dentro desde la noche anterior.

Como el momento nicotina queda descartado porque en la terraza hace un frío polar y se me podrían congelar las meninges, y meter la cabeza en el mueble bar también por si luego tengo que conducir maquinaria pesada, no me queda más remedio que entregarme por entero al mundomatutano, con respeto y emoción, engullendo todo tipo de crispitos y crujitos al jamón, haaala, como si mañana fueran a cerrar la fábrica y a esconder la llave matarile rile rile.

Por temor a que alguna de mis criaturas me vea mascando con fruición y a doble moflete algo que a ellas les prohíbo sistemáticamente, me veo en la obligación de esconderme en el wc para poder comer libremente y a manos llenas.

¿Qué haces aquí, mamá? …Estaba tardando ya…
Cosas mías, cariño - digo mientras me elimino todo rastro de migas naranjas del bigote y la punta de la nariz.
¿Y estás comiendo Doritos sin que sea el cumple de un niño?

Maldiciendo esta capacidad suya de observación que en otros momentos me hace enorgullecer hasta una peligrosa hinchazón casi rayana al explote, arrugo y escondo la dichosa bolsita que hace un ruido tremendo, como de tormenta en voz en off, y me voy cabizbaja hasta el salón con la sensación de haber sido pillada en algo muy feo.

Y es que manda huevos (Trillo dixit, yo también puedo) hace quince años me escondía de mis padres para poder fumar y… ¿ahora me escondo de mis hijas para poder comer ganchitos? … ¿Pero esto qué es? ¿Qué invento es éste? ¿Dónde se ha quedado mi libertad individual e intransferible? - me pregunto a pleno grito mientras alzo mi puño al cielo con un atardecer rojo al fondo. Pues lo que viene siendo anulada por completo - contesta el público al unísono, como un solo ser.

Y es que cuando una sale del hospital con el retoño en brazos en realidad no salen dos personas, si no una; bueno, un engendro de ciencia ficción con un cerebro y dos cuerpos. A partir de ese momento sufrirás un desdoblamiento tal que a veces creerás enloquecer. Cuando se caiga al suelo, te dolerá a ti. Si tiene fiebre, tú serás la que no duerma. Si llora, sentirás su tristeza. Cuando estés mucho tiempo a su lado querrás huir y en cuanto te vayas estarás deseando volver. Muy neurótico y muy poco libre todo. Es como una de esas pelis en las que se pseudolibera al reo poniéndole antes un collar que explotará si se aleja más de x kilómetros a la redonda de la cárcel. Y es que aunque la Constitución y tu ficha de antecedentes del Ministerio del Interior digan lo contrario, en realidad ya nunca serás libre porque nunca podrás dejar de pensar en ellos. Resígnate. Nunca podrás escapar … y mucho menos comer doritos libremente por la casa, sin que sea el cumpleaños de alguno de tus amiguitos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Tigres, tigres…leones, leones…

En un par de meses se nos casa la pequeña Meri, la más dulce y entrañable de cuantas amigas conservo del instituto. Su despedida de soltera fue discretamente organizada por una prima suya de la que no tuvimos noticia hasta el día en que nos inundó el mail con los detalles del ágape. Cena y copas ganaron de lejos a una infravotada velada con bomberos semidesnudos y zapatos llenos de champán. Cómo se nota que nos hacemos mayores… cagüen…

Al llegar al restaurante ya teníamos lista una enorme mesa redonda que incluía un disco giratorio central tipo japonés, colocado sólo para ayudarnos en la difícil tarea de actualizar perfiles vitales antes de entregarnos por entero al vino. Por riguroso orden fuimos colocando nuestro móvil frente a nosotras, con las fotos de los hijos respectivos en modo perfectamente visible. Como si de una ouija inducida por hábiles dedos se tratase, el plato comenzó a girar en el sentido de las agujas del reloj, permitiéndonos conocer los adelantos de todos los vástagos de las allí presentes, sin necesidad de piar como gallinas pidiendo fotos por doquier. Tremenda idea la del disco, ojo, desde aquí insto a la cadena VIPs a valorar la idea e instaurar una “mesa para madres con fotos de hijos” en todos sus restaurantes.

Previendo que quince mujeres sentadas a una misma mesa traerían consigo demasiados decibelios escondidos en los bolsos, el maitre, resabiado él, nos confinó al más recóndito lugar del restaurante, asegurándonos que se trataba del mejor reservado disponible. Lo mismo debió venderle a la mesa contigua, otras quince mujeres en ruidosa celebración, pero carentes de disco giratorio central porque a juzgar por lo limitado de su edad y lo exiguo de su perímetro abdominal, bien podrían intercambiar politonos, pero lo que son fotos de hijos...

Los cruces de miradas y cuchicheos marujiles se hicieron cada vez más evidentes a medida que las botellas de Protos fueron desfilando coquetas por las mesas. Mesadelasmadres Vs Mesadelasconcintura: la tragedia se mascaba en el aire. De haber nacido hombres, habríamos solucionado la rivalidad inexistente amparándonos en el ancestral “solteros contra casados”, o como dos ejércitos de torsos desnudos tiran de ambos extremos de una cuerda hasta que uno de los equipos cae al barro. Y después… ¡A tomar juntos caja y media de botellines! Pero somos mujeres y no se nos da bien el barro – excepto si tenemos a Patrick Swayze sentado a horcajadas tras de nosotras susurrándonos al oído- así que preferimos limar asperezas lanzándonos miradas envenenadas e hirientes dardos voladores de mesa a mesa.

Codazo, codazo…. Para mí que ese aparente desaliño tan propio de los 90 ya no está de moda, ¿No? Codazo, codazo… No, nena, no, ahora lo reinterpretan en una versión más limpia y lujosa a base de sprays texturizantes de pelo y toque rosa en las mejillas. Risitas. No gires tanto la cara que no te oigo, coño. Pues yo no me paso dos horas delante del espejo para simular que no me he peinado, la verdad. Donde esté la triple capa de rímel…que no parpadeo desde las 7 por miedo a que se me queden abrochados los ojos... Codazo, codazo… Pide que le traigan unas lentejitas a la de azul, por favor, que ni con plomos en el tanga pasaba la báscula de Cibeles. Ssschss…Más bajo, pordiosss. Ese jersey se lo pongo yo a Mimayor y aún le está estrecho de sisa. Carcajada. Codazo. Carcajada. Búsqueda y detección visual de nueva víctima y vuelta a empezar…. Codazo, codazo… ¿Pero tú has visto a la de los anillos?...

Respecto a los comentarios sibilinos de la mesa contigua ni imaginármelos quiero. Que no. Que el Telva de este mes dice que la mujer que ronda los 35 está en la plenitud de su vida mental y física y pienso creérmelo a pies juntillas, con fe ciega, sin cuestionarme nada, mientras no se me demuestre lo contrario.

Antes de dar por concluida la cena alguien propuso un brindis. ¡¡Por nosotras!! Y por una vez, las treinta copas chocaron. Afortunadamente, aún queda algo en lo que las mujeres siempre estarán de acuerdo, sea cual sea su edad y el número de hijos, o en su defecto gatos, que les esperen pacientes en casa.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Frases de madre

Sentencias, trabalenguas, acertijos y amenazas varias que jamás hay que olvidar para intentar no volver a repetir. Evitaremos así que se propaguen y vaguen errantes por los siglos de los siglos…


No pongas esa cara que te va a dar un aire:
Siempre he sido muy dada a las muecas y a la dramaturgia en general, así que esta frase la oí hasta la hartura! En mi defensa debo decir que jamás entendí qué significaba aquello de que me diera un aire. Durante años le tuve pánico a cualquier tipo de brisa, a asomar la cabeza por la ventanilla del coche y a los secadores de pelo.

Nunca cierres con cerrojo la puerta del baño / Cierra siempre con cerrojo cuando nosotros nos vayamos…¡¡Cuánta contradicción en las órdenes que se refieren a puertas!! Así no hay quien se aclare, hombre ya... ¿Y si vosotros os vais y yo me quedo en el baño? ¿Qué pasa entonces? ¿Mi plano de realidad entra en bucle y estalla?
Otra muy buena a la par que contradictoria era aquella de … Cállate la boca y contéstame!... Sólo aplicable a las madres que eran mentalistas de profesión….

Después de la leche nada eches: Que ya sabemos todos que esto del “orden de los factores” no afecta a los dichos maternos. No es lo mismo que bebas leche y luego zumo, a que bebas zumo y luego leche, aunque luego queden todos juntos en el estómago en plan bacanal y se lo pasen teta entre ácidos. En el primer caso el estómago se colapsa y explota, y en el segundo sólo se asusta.

¿Y si te pasa algo en la calle, qué, eh? : En mis tres décadas de existencia jamás me ha pasado nada en la calle, o por lo menos nada que implicara desnudarme en público. A cambio he tenido que cargar con un sentimiento de pavor absoluto ante la idea de salir de casa con la ropa interior deshilachada. Es ver un tanga con la goma floja y empezar a hiperventilar, oye.

Verás cómo me quite la zapatilla… Mi favorita. Daba igual lo que estuvieras haciendo, sabías que “coger la zapatilla” respondía a una absoluta incorrección de tus actos y conllevaba horribles consecuencias, aunque la amenaza jamás llegara a cumplirse. Siguiendo con los miedos infundados, no puedo ver una zapatilla de estar por casa. Me causan ansiedad. Toda la vida he ido con botas de pocero por el parqué, me siento mucho más segura.

Mejor que llores tú a que tenga que hacerlo yo. Drama dramático donde los haya. Esto servía para justificar que te bajaran en volandas del árbol, que te quitaran la navaja suiza de las manos y que no te dejaran bucear en la negra oscuridad del enchufe… Es la frase más cortarrollos del imaginario materno.

Tráeme el chisme ese que está ahí… ¿Dónde mamá? ¡En el segundo cajón! ¿Pero de dónde mamá? En el salón, hija, en el salón, en el armario de al lado del de las copas ¿De qué copas, mami? Mira déjalo, que tardo menos yendo yo!

Ni maquinitas ni maquinitos. Que ya está bien de subirse al elefante que trota, hombre, que no te voy a dar otros cinco duros ni ahora ni nunca… Tremenda sentencia para negar o dar por concluido algo, que espero poder lanzar algún día a la cara de mi jefe. ¡Ni reunión ni reuniona!…

Como vaya, voy a ir. Frase de la familia de la zapatilla pero un poco más enrevesada en su sintaxis. Deja de hacer lo que sea que estés haciendo y sal por patas. No hay más consejo que dar.

¡¡Cuelga el teléfono de una vez!! …que os acabáis de ver y lleváis una hora... Y lo peor es que era absolutamente cierto. Contra ésta no tengo nada que objetar...pero qué duro era tener quince años sin tarifa plana!!

Ni jo, ni ja. Y dale otra vez con buscar masculinos y femeninos a todo!! Que vivan las madres adelantadas a su tiempo que ya en los ochenta defendían la bisexualidad!

Un día cojo la puerta y me voy: Cada mañana me levantaba sudorosa y angustiada temiendo que mi madre hubiera desaparecido y se hubiera llevado la puerta en su huída. Nunca lo hacía… porque nos quería mucho y porque la puerta era blindada.

No te lo vuelvo a decir. También en su versión “Es la última vez que te lo digo”. Creo que es la frase más repetida de la historia de la humanidad, que curiosamente puede darse hasta cinco y seis veces en la misma discusión aunque siempre se disfrace de orgulloso ultimátum.

Sácate el dedo de la nariz que se te va a dar de sí. Dudo que exista precedente médico alguno que lo sostenga pero yo no me saqué ni un moco en toda mi infancia por miedo a que el orificio explorado se quedara del tamaño de mi dedo. Podría haberlo solucionado en todo caso explorando el orificio parejo… cachis, qué pena no haberlo pensado antes…

¿Piensas salir así? ¿Con los riñones al aire?... Como si ambos órganos fuesen tatuados sobre la piel y no bajo capas y capas de dermis varias. Aún hoy siento respeto por las camisetas ombligueras porque creo que son responsables de la mitad de los casos de cistitis a nivel mundial.

¿Mamá me das dinero? ¡Y un jamón con chorreras! Juro que a día de hoy, aún desconozco el significado de esta expresión ¿Para qué las chorreras? ¿Y por qué en un jamón?

Tienes la habitación que parece un dormitorio de monos!!. Y es que durante la infancia se tiene una irremediable tendencia biológica a no recoger nada que previamente se haya caído al suelo. Sólo si es una chuche y está llena de arena, en cuyo caso, se puede recoger y comer con total seguridad.

Cuando tú vas yo ya he vuelto tres veces: Ésta era la frase preferida de la madre de Chenoa, pero no por ello incierta o carente de veracidad, que viene a ser lo mismo. Da igual lo que quieras esconder, una madre lo ve todo porque tiene muchos más ojos que tú. Asúmelo.

A que voy yo y lo encuentro….Y lo mejor es que iba, y lo encontraba. Años después descubres que dar a luz te concede un tremendo poder mental para encontrar cosas ocultas a ojos profanos e inexpertos.

No abras a nadie. Como resultado de esta orden, en mi casa hace siglos que nadie lee el contador del agua y he sido denunciada en innumerables ocasiones por la Comunidad. Gracias, mamá.

Como te tragues el chicle se te van a pegar las tripas. ¡Cómo se aprovechaban de nuestros escasos conocimientos en cuanto a funciones básicas estomacales y procesos digestivos se refiere! Era tragarte el chicle e imaginarte acto seguido tus tripas amalgamadas y convertidas en blandiblú. Si hay algún médico en la sala, es hora de acabar con el mito, por favor.

Cálzate, que el frio entra por los pies... Y si ya confluían en el mismo espacio/ tiempo, pies descalzos y pelo mojado, para que os voy a contar…

No te acerques tanto a la tele que te vas a quedar ciega. Si hay algún oculista en la sala, que hable ahora o calle para siempre... porque yo tengo mis reservas, la verdad.

Ya verás cuando se lo diga tu padre. A veces se lo decía, a veces no. A veces aparecía papá en la habitación con cara de Predator, a veces no. Una suerte. Una lotería. Y a ti sólo te quedaba rezar…

Para mí que esa chica no te conviene como amiga… A las dos semanas exactas de gritar y llorar en defensa de “esa chica”, aparecías en casa con su puñal clavadito en la espalda. Por supuesto, mamá estaba allí para curar heridas y dar besos sanadores.


…Y concluyo por no aburrir…


Lo mejor es que ahora, tras leer esto y hacer breve examen de conciencia, creo que he repetido el 90% de estas sentencias en mis tres años de experiencia en esto del gremio materno. Faaatal!
Debido a la edad de mis criaturitas, esperaré un rato más para atreverme con el archifamoso …. “Mieeeentras viiiivas baaajo miii teeecho…”, no sea que se me vayan en serio y se lleven la puerta.

lunes, 8 de noviembre de 2010

…Anda y tira pal colegio…

Tengo una amiga malita de los nervios. Pobre. Y eso que las cosas le iban bien: tiene su casa a medio pagar, un buen trabajo, un marido ideal y tres hijos preciosos que quedan la mar de apañaos y pintureros en las fotos de familia. La debacle familiar comenzó cuando alguien decidió bajar la banderola y dar por comenzado el curso escolar.

En la reunión previa, amables docentes bilingües repartieron entre los padres una octavilla informativa con todo tipo de especificaciones sobre vestimenta y accesorios que las criaturitas necesitarían a lo largo del año. Fue entonces cuando la maligna sombra del “unifooorme” se coló en sus vidas, acompañado de cápsulas para teletransportarse en el tiempo y microscopios de visión nocturna para las clases de ciencias, relojes sumergibles para la clase de natación, mochilas trolley de pantalla plana y wifi…A excepción de armas de fuego y zapatófono, los pequeños van más equipados que el Superagente 86.

Como le faltaban dedos en las manos, Miamiga decidió comprar un ábaco. A ver… 3 niños x 2 uniformes cada uno para los días normales + 2 chándals cada uno para la clase de gimnasia + 1 bata blanca por cabeza para las clases de alquimia… hacen un total deeee…. ¡Válgame!... Y esto no ha hecho más que empezar. En primavera llevarán polo de manga corta, en invierno polo de manga larga y en ocasiones especiales de entretiempo, camisa con chorreras, pero sólo para los actos públicos a los que vaya la prensa. Y, no olvidemos, todo ello adornado con el logo del colegio en la pechera. Los martes y jueves Sumayor y Supequeña tienen clase de psicomotricidad, así que deberán llevar chándal. Sumediano no, así que él podrá ir con el uniforme normal, con polo de manga larga, de manga corta o camisa, siempre en consonancia con el resto de superagentes de la clase y ojo con confundirte...

Precisamente para no hacerlo, confundirse digo, y evitar así tener que vestir al mismo niño tres veces antes de salir de casa, Miamiga ha colocado en la puerta de la nevera un horario con especificaciones exactas junto a la foto de cada niño, su nombre de pila y sus alergias alimenticias, por si tanta información le hace olvidar lo verdaderamente importante.

Por las noches, mientras su familia y la chica duermen, ella es incapaz de pegar los ojos. La ansiedad le roba zetas y ronquidos. Despierta toda ella, aunque algo tocada por los ansiolíticos, se levanta a hurtadillas para lavar, planchar y coordinar los uniformes correctamente. Si hay un único uniforme sucio, buscará con ahínco todo tipo de prendas de colores semejantes hasta que conformen montón suficiente para llenar una lavadora. Si no lo halla a simple vista, se colará por armarios y coquetas, lavará lo ya limpio, lavará sin descanso, así lavará así así. Si un día descubre con pavor que no tiene camisa, pero tiene polo, silueteará con precisión y escalpelo el loguito del infierno y lo pegará en la pechera correspondiente. Los días malos, tiene niños que van con dos logos; el que se queda sin, va de marca blanca y sabe que ese día todos le mirarán como a un bicho raro y le confinarán al ostracismo del patio. Cosa mala donde las haya. Para evitar tamaño trauma, no hay como amenazar al niño con no darle más azúcar hasta que cumpla los 18 si se le ocurre quitarse el jersey en clase. Así se superen los 30 grados y el crío sude como un pollo. Ella firme como una roca.

Después de mucho debatir, ayer logré convencerla para ir al médico de los nervios o, en su defecto, matricular a los niños en un cole público; ese sitio mágico donde puedes ir con unas deportivas Yumas sin llamar la atención y reutilizar la ropa de tu hermano mayor, aunque la extensión de las mangas te impida coger el boli y la única marca de reconocimiento que lleves sobre la ropa sea la Triple Codera.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un, dos, tres, probando…

Son las ocho de la noche y estoy absolutamente agotada. El día no ha sido ni mejor ni peor que los que le precedieron pero no sé por qué tengo el espíritu y las piernas de capa caída hoy, será que han cambiado la hora y me ha sentado como si me vendaran los ojos y me dieran tres vueltas.

Miro el reloj una y otra vez con la esperanza de que en el último vistazo sean ya las diez de la noche y hayamos dado por concluido el proceso infernal de realización de cenas y persecuciones en pareja para ver quien pilla a la niña y la mete en la trona. Como Lapequeña es pequeña, aún no se le ha despertado este gusto por el jaleíllo nocturno que parece perseguir a mi familia desde tiempos inmemoriales. A las nueve cero cero, duerme como una bendita. Yupiyupi jei.

Acostar a Lamayor es otra cosa, mariposa. Pertrechados con corazas anti chantaje emocional y demás truquillos de infantes, Marido y la que suscribe nos preparamos para pasar la siguiente media hora pintando flores o jugando al parchís de los pitufos, dependiendo de lo que la jefa tenga a bien disfrutar. Pasados unos minutos, damos por finalizado el tiempo de expresión lúdicofestiva y, después de tres avisos sin soniquete taurino por no molestar al vecino relajao, conseguimos que Lamayor suba a su habitación, se lave los dientes e introduzca su cuerpontero bajo las sábanas (aypordios, quien pudiera!). Entonces comienza el calvario.

Papiiiiiiiiii subeeeeeeeeee. Hoy tú me lees cuento.
¿Los tres cerditos otra vez, hija? Papá relee el cuento por decimoséptima vez en lo que va de semana, repasando modelos de tabicaje y materiales de construcción con la precisión de un experto jefe de obra. Beso y a dormir. Apenas ha llegado al salón cuando se oye…

Mamiiiiiiiiii subeeeeeeeeee. Hoy tú me cantas.
Y ahí me tienen, con los deseos al sol sobre una hamaca playera remojados en daiquiri y el cuerpo preparándose presuroso para arrancar a cantar La abeja Maya, entonando lo que una puede, que es poco, para que nos vamos a engañar. Lo intento, juro que lo intento, pero no puedo parar de bostezar. La luz tenue que sale del plátano colgado de la pared tampoco es que ayude mucho a mantenerme despierta, algo que sólo logran las palmaditas de Lamayor delante de mi cara. Bien, mami, bien! Ahora una nueva, que no se conozca nunca. Deduzco que quiere una canción inédita así que me arranco con el primer bis, que no sale mucho mejor de tono, la verdad. Noten cómo la cosa empeora por momentos, por favor, y tengan en cuenta que ahora me toca hacer de cantautora de rima rápida, sin posibilidad de recurso a discografía ajena. Busco entre la masa informe de vocabulario que me queda despierto en el cerebro, busco y rimo, busco y rimo, hasta que la afasia me puede y me deja muerta. Entonces pego un grito de cierre que me permita salir del lance con cierta dignidad. Yastabien! A dormir y no lo digo más!!

Tiene gracia que con este nivel de entonación y garbo canturero soñara de pequeña con ser india o estrella del rock. Lo de india no tiene explicación alguna, lo sé, quizá sólo fuese un gusto temprano por los penachos de plumas y el look village people …pero lo de estrella del rock, me van a perdonar… Todas las noches me metía en la cama imaginándome subida a un escenario, deleitando a cientos de personas con mis gorgoritos, mi ritmo de baile vertiginoso y mi look ochentero imposible, que para eso era la década natal de las ensoñaciones.

Por la sabiduría que da la edad, hoy sé a ciencia cierta que jamás podría hacerlo… y no por vergüenza o falta de oído, ojo, que peores cosas se han visto; simplemente porque los conciertos empiezan ya dadas las diez y a esa hora, me van a perdonar, pero una ya no está pa ná.