jueves, 2 de diciembre de 2010

Como el cangrejo

Superdiscrepo de la gente que dice que tener hijos te echa años encima. Tener hijos rejuvenece que es una barbaridad. Es posible que tu físico no se haya percatado aún de ello, pueser; el pobre estará todavía algo convulso después del tren que le ha pasado por encima, mientras trata de adecuarse a nuevos volúmenes y redondeces dignas del mejor y más grande de los delantales. Pero tu psiquis sí. Ella te vio el otro día saltando como una chinche, muerta de alegría porque habían caído cuatro copos y podías bajar a la calle a hacer bolas de nieve, tirárselas al portero de la finca y esconderte luego tras un contenedor.

Y es que mientras tratamos de que Losniños se hagan adultos y piensen, vivan y razonen como adultos, ellos nos enseñan a volver a hacer cosas de niños….Gritar de alegría si ves un parque al doblar una esquina de cualquier ciudad desconocida, agacharte a recoger la pegatina del papel de un bollo tirado en la calle mientras gritas yujuuu, recuperar el sabor del pan con nocilla al tomarte la merienda rechupada que ellos no quieren, tararear “Soy una taza, una tetera…” en mitad de una reunión, llegar a una cena elegantosa con la cáscara de un plátano saliendo por el bolsillo del abrigo, intercambiar pegatinas con las demás madres para la colección que Tuniña guarda bajo la almohada pero que en realidad estás haciendo tú…

Hasta los adultos más adultos, vestidos con corbatas y zapatos de adultos, que toman decisiones importantísimas y de muchos ceros de adultos, tienen su pequeña regresión personal al final del día, momento en que se tiran al suelo y persiguen a gatas un coche conducido por un enano azul de edad incierta y un pato amarillo; o hablan por el móvil y comentan con el consejero delegado el último informe del día mientras portan sobre la calva un velo de princesa que su retoño acaba de colocarle de través.

Pero todo tiene un límite, queridos. El domingo pasado llamé a una amiga a las diez de la noche y la encontré haciendo pretecnología aplicada con los agravantes de nocturnidad, alevosía y suplantación de personalidad. A su hija le habían mandado como deberes de fin de semana la realización de un álbum de fotos con imágenes de sus familiares y allegados más cercanos y la vaguería dominguera les había impedido remangarse y ponerse a ello hasta el último momento. Fatal. Habíamos quedado pero ella no pudo cenar porque tenía que recortar, así recortaba, así, así. En paralelo, su marido y a la sazón padre de la criatura, tuvo que salir en bata y zapatillas a asaltar el primer chino de guardia que se cruzara en su camino, con la que estaba cayendo y sin nada medianamente impermeable con que cubrirse los rulos. Objetivo: comprar unos Carioca de 36 colores que tuvieran tinta fresca y no reseca por la pérdida de lo que viene siendo la tapa común y que les facilitara la realización de pies de foto chulis y de gran amplitud cromática…Ay virgencita, cuánto se perdió con la desaparición del Letraset…

Ambos dos mano a mano, y con la niña ya roncando plácidamente, dieron rienda suelta a su creatividad en forma de mariposillas voladoras y flores de colores que entremezclaron de forma magistral con las fotos de los yayos y los titos de aquel verano en Menorca. Que digo yo que saldría más a cuenta recortar fotos del QueMeDices, que ya vienen maquetadas y comentadas con expresiones tipo peroquefuerrrrte, que fuerrrrte que fuerrrrte el Tito Enrrrrrique en bañadorrr, y alegar una filiación desconocida y espontánea con los Iglesias Preysler, que total, con todos los que son, tres miembros más o menos no se iban a notar… Otra opción es pasar el trance de la autoproducción artística del álbum cubalibre en mano y con música de fondo de Donato & Estéfano, hecho que quizá mole y genere risas memorables y múltiples.

Concluyo suplicando a quien corresponda que establezca ciertos límites, pordiosss. Pretecnología SÍ, si no se convierte en vicio y te obliga a asistir a reuniones de grupo de autoayuda para padres adictos al olor a témpera; madres con sudaderas de HelloKitty y pendientes de ositos, que dicen chachipiruli, no, por favor. Mantengamos la dignidad y la compostura aunque sólo sea en público, que nos hemos convertido en madres, sólo eso, no en avatares de Leticia Sabater…

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