Recuerdo con abierta emoción cuando el día 1 de enero era conocido entre sus fervientes groupies como el nodía. Si conseguías eludir compromisos familiares y salías viva de la lid con tu madre y demás ascendentes, se te abría todo un universo de posibilidades…
Podías levantarte libremente a las 3 de la tarde, con la cara hinchada, la boca seca y la tez gris ceniza, tras algún intento fallido por despegar los rizos de la almohada, adheridos todos ellos al almohadón por la espuma del cotillón, que ya sé que rima pero no he podido hacer otra cosa. Después de ponerte en pie y notar cómo la escasa sangre que te quedaba líquida bajaba fulminantemente a las plantas de los pies, dejándote el tronco encefálico arrugado como una bayeta seca, conseguías dar tres pasos sin descalabrarte y llegar hasta la cocina en busca de agua con una pasión y entusiasmo que ni David Meca.
Tras ese puntito de lucidez que da la rehidratación quizá te preguntaras por la procedencia del cardenal del muslo izquierdo y la quemadura de cigarro de la mano, que misteriosamente comenzaban ahora a doler en extremo. Después ingerías sin mesura un barreño de espaguetis con salchichas, o algo de similar aporte calórico y aceitazo de fondo, capaz de empapar todas las bebidas espirituosas de la noche anterior. Ahíta y agotada por el esfuerzo de la digestión, te entregabas a una reparadora siesta de sofá, pijama y orinal, no sin antes hacer una incursión en el mundo de la analgesia casera para tratar los síntomas concomitantes que exacerban un tremebundo dolor de cabeza y cuerpontero. Questabas hecha un trapo, vamos.
Te levantabas a las 7 de la tarde, ya de noche y con la sensación de haber sido atropellada y depositada en el sofá por un guardia civil que pasaba por el lugar de los hechos, hasta que la sinapsis entre neuronas comenzaba a restablecerse y conseguías recuperar algo de memoria. Sonrías tres, quizá cuatro veces, recordando aquel baile, aquel esguince inguinal haciendo el espagat, aquel nuevo amigo chispas…hasta que tu mente volvía a fundir a negro. Tras un esfuerzo titánico por ir de la cama al sofá sin lastimarte ningún miembro ni volcar el mobiliario, caías extenuada hasta la mañana siguiente.
Y es que en realidad, el año siempre ha empezado el día 2 de enero. El día 1 no existía. Eran los padres.
Tras la llegada de éstos tus miniseres rampantes, descubres que el año comienza exactamente el día 1 de enero a las ocho menos cuarto de la mañana. Los niños bípedos que duermen en cama saltarán en plancha sobre la tuya sin previo aviso y los que aún duerman en cuna, gritarán y gritarán con la cara entre los barrotes hasta que vayas a rescatarles. Da igual a qué hora os acostarais todos la noche anterior. El año comienza a las ocho menos cuarto y punto.
Pandereta en mano desayunareis todos en feliz comunión, mientras recordáis cómo os reísteis cuando a Labuela se le atoró la última uva y se puso toda ella color nazareno reventón o cuando Elabuelo decidió con jolgorio jugar al pinball de salón disparando a traición el corcho del cava. Tres villancicos y dos broncas después, engalanarás a los polluelos y saldréis todos en fila india hasta el salón de la casa donde se celebre el nuevo ágape, donde comerás y beberás burbujas en exceso y donde quizá la confluencia de astros haga que algún familiar con chispa llegue deseoso de jugar con tus hijos y te deje unos minutitos de reposo intelectual en el sofá para preguntarte si los perros pasan frío o cómo se vive la Navidad en Salzsburgo.
Tu vida social, no sé, pero tu hígado agradece el cambio de forma bárbara.
Feliz Año Nuevo, queridosmíos!!
sábado, 1 de enero de 2011
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