Si es que debería habérmelo imaginado. ¡Seré tooonta! Los mocos llevan días rondando amenazantes por casa y no he sido capaz de ponerles freno a tiempo. Pensé que los anticuerpos infantiles cumplirían la función propia de su rango y condición, pero va a ser que no.
A las cinco de la mañana un extraño vozarrón me despierta de mis ensoñaciones, naturales y normales dada la hora que era. “Donde está jarabe que tengo la voz muy rara” , oigo que alguien dice desde la puerta de nuestra habitación. Asustada despierto a Marido para preguntarle si había traído a algún amigo a dormir a casa sin consultármelo pero no, es Lamayor, con voz de barítono ruso y treinta y nueve de fiebre.
Como un resorte corro al armario buscando la cofia de enfermera mientras Marido trae el pack de Apiretal + termómetro + pinzas para que no se te cierren los ojos en mitad de los cuidados paliativos. Ducha con agua fresquita para bajar la fiebre, pijama limpio y vuelta a su camita. Me instalo junto a ella, convertida ahora en una pequeña estufa con desordenado flequillo sobre la frente y le canto alguna canción, incomprensible entre bostezo y bostezo.
Dormir, lo que se dice dormir, poco, como podrán imaginar. A las ocho me sobresalta la llamada de la mujer todopoderosa que nos ayuda en casa. Entre toses me dice que está en similar situación febril pero en otra cama a dos autobuses de aquí. Imposible ir a cuidarte, le digo, esta tarde te llamo para ver como estás.
Respiro hondo, ooommmm, no pasa nada, todo se arregla. Me meto en la ducha para ver si me despejo y logro deshacerme de los nervios a base de esponja y espuma y cuando salgo encuentro a Marido dando su dosis de jarabe a Lapequeña, que sufre la misma fiebre que Lamayor por pura imitación simpática hacia su hermana.
Sentados en torno a la mesa, los adultos sin mocos de la casa desarrollamos Plan de Acción. Tú llevas a una a casa de tus padres, yo a otra a casa de los míos. Listo.
A las ocho treinta horas suena el móvil de Marido. Nosequé fuego en la oficina me obliga a salir escopetado. Stop. ¿Llevas tú a las niñas? Gracias!… ¿Y mi reunión? - pregunto súper súper retóricamente mientras oigo la puerta cerrarse.
Respiro hondo, oooommmmm, no pasa nada, todos se arregla. Monto a las dos en el coche mientras aviso a mi madre de que le llevo doble regalo. Ella encantada, así son las madres. Aún así me siento un poco culpable por abandonar a Lasniñas en semejante estado y por el palizón que supondrá para Labuela luchar con doble ración de mocos y estados febriles así que mientras atravieso la barrera de la urbanización miro con ojos candorosos a Juan Carlos, el guarda de seguridad, por si existiera o existiese la posibilidad de que me cuide a Lasniñas durante la hora y pico que dure mi reunión. Sin siquiera bajarme del coche compruebo que tras los cristales de la garita tres niños lloran y revuelven los papeles. Maldición, pienso, alguna otra madre de la urba, en similares y extremas condiciones, se me ha adelantado.
Llego a casa de mis padres, dejo a Lasniñas dándoles mil besos y nueva dosis de Apiretal. Algo más tranquila pero igual de culpable por no quedarme a repartir besos sanadores conduzco hasta la oficina, me siento en la sala de reuniones y sin apenas abrir la boca lanzo un tremendo estornudo que riega por aspersión a los convocados de las primeras filas. Mmmm tienes muy mala cara, ¿Pero por qué has venido, mujer? Haber llamado para avisar… Una sonrisa interminable se me dibuja en la cara como si hubiese muerto por congelación instantánea, crionizada tipo Walt Disney pero con traje sastre y tacón. No, hombre, noooo, ¡Cómo me voy a perder esto! Con lo que me gustan a mí las gimkanas y llegar asfixiada a todas partes…
Notejode.
lunes, 4 de octubre de 2010
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jajajaja, ay pobre, perdón por reirme! Pero es que cuentas las situaciones extremas con mucho arte! Desde luego las madres no se como haceis para poder con todo, yo solo de leerte ya me he estresado...me estais matando el instinto maternal! jajajajajajaja
ResponderEliminarNooooo por dios! no quiero ser la culpable de un descenso en la natalidad y que al final termine pagándonos las pensiones Rita :)
ResponderEliminarLa maternidad tiene mil millones de cosas buenas. Es con total seguridad lo mejor que he hecho en mi vida... pero contar las miserias siempre es más divertido ;)
Genial
ResponderEliminarMe declaro publicamente incondicional de este blog!
algun problema?
Como debe ser. Y si traes un amigo al blog te regalamos un juego de cuchillos.
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