jueves, 26 de agosto de 2010

Lamadre y Lamultiaventura

Supongo que el hecho de que una echara los dientes entre las mesas de los bares de la Cava Alta hace más complicado que pueda disfrutar de forma espontánea de los deportes de riesgo y la multiaventura en general.

Volvimos ayer a casa después de una semana de despliegue acrobático en Asturias y aún no siento varios de los músculos considerados importantes para la vida diaria. Las agujetas me llegan al iris, señores. Llevo días sorbiendo todo tipo de alimentos líquidos en pajita porque me siento incapaz de levantar el brazo que sustenta la cuchara que debe alimentarme. Y no es que el deporte en sí mismo sea malo, ojo, simplemente creo que mi cuerpo no lo tolera del todo bien.

Llegamos a casa de Loscuñados a las cinco de la tarde y sin apenas descargar las maletas ya nos esperaba una sesión de motociclismo extremo que nos auguraba una más que probable lesión de rabadilla y varios cientos de miles de arañazos. Lasniñas miraban atónitas cómo nos disfrazabamos de geyperman guerrero y ni rechistaron cuando les explicamos pesarosos que no podríamos llevarlas con nosotros. Se quedaron con Laprima tan ricamente, mientras nosotros desempolvábamos el rosario y nos adentrábamos en la más espesa vegetación.

La mañana siguiente nos esperaba con una refrescante jornada de pesca en apnea, incluido neopreno de cuello vuelto, porque el agua estaba gélida de mortalidad. Bueno para las agujetas, me decía yo para animarme. Cuanto mas congelados tengas los músculos, menos te dolerá el cuerpontero, tonta.
Siguiente día: Jornada Mundial de la Cueva, o cómo seis cheposos en fila recorren interminables y húmedos pasadizos mientras Lamayor, erguida toda ella y linterna en mano, nos alumbra y da órdenes, orgullosa de encabezar la expedición.

Para el día siguiente me reservé un plan normal de playa tratando de que las Lasniñas no pensaran que habíamos ingresado en la Secta de la Vigorexia y la Oxigenación Muscular. Aún así, la zodiac de Elcuñado apareció por sorpresa de entre las rocas para darnos una vuelta por cada grieta y entrante de mar que salía a nuestro encuentro. Lamayor se lo pasó pipa. Lapequeña lloró y rió a partes iguales, descubriendo así los sinsabores de la bipolaridad, agarrada a mi cuello como un monkiki.

Y por fin el último día, como colofón a unos tranquilos días de vacaciones, nos entregamos a la sobredosis de adrenalina que da descender un cañón sobre el río Deva. Toboganes y divertidas pozas escondían tras sus faldas cuatro rápeles de veinticinco metros que despertaron en mí todo tipo de ansiedades y castañeteos interdentales. Disfrazada de geyperman acuático, esta vez con casco de bici porque no teníamos otro disponible, y con el pantone de temporada escondido tras los escarpines- glamour ante todo-, bajé, subí, trepé, mescurrí, me levanté, juré no volver por allí, volví a bajar, y a subir, un tobogán por dios que no haya ninguna piedra esperándome en el fondo, una poza, dos pozas, tres pozas e intenta tú nadar con botas, ooootro tobogán, quiero irme a mi casa con mi madre, ooootro tobogán . Primer rápel, qué divertido. Segundo rápel, no está mal si no fuera por la molesta cascada que ha estado dándome con fuerza en la nariz durante todo el descenso. Tercer rápel. Veinticinco metros ¿Pero esto qué es?. Cuarto rápel ¿Mayor que el otro? ¿Nos hemos vuelto todos locos?
Un saltito de diez metros cerraba el circuito de aguas bravas ¿Me tiro? ¿No me tiro? ¿Me tiro? ¿No me tiro? Me tiro. Aaaaaah... Toda mi vida en imágenes. Enrique y Ana. Las bolsas de Doritos. El instituto. Las bambas sin cordones. Las noches de verano. Las fiestas de Bustar. Don Joaquín. El mus de la Facultad. Marido. Lasniñas. Misniñas. Los cuentos. Las nanas....pero quieeen me mandaraaaaa a miiiii metermeeeeee en est bbbbbbrrrrrr... Un glorioso latigazo de agua helada me devuelve a la realidad y me descubre que sigo viva. ¡Bien por mí!

Una vez completado el descenso llega lo más divertido. Desandar todo el camino, esta vez pendiente arriba, con un neopreno empapado que hace que tu cuerpo pese siete veces más. Llegamos al coche ¡por fin! yo exhausta, contenta pero medio muerta, preguntándome la razón de tanta prueba personal hasta llevar tu mente al límite. Supongo que para aprender - me contesté a mí misma en un alarde de lucidez - y poder contarle a Lasniñas dentro de unos años qué piedra escurre más y por qué lado duele menos caer.

viernes, 20 de agosto de 2010

..Y le hablo de esa amante inoportuna, que se llama soledad...

A mí no me apetece mucho... ¿Puedo no ir?
¡Claro! Quédate en casita y disfruta por un día, tonta, yo me llevo a Lasniñas.


Oooouuuuyeah!!! Tooodo un día para mí, para hacer lo que YO quiera. Para disfrutar de la casa en silencio. Para leer. Para escuchar música. Para verme una temporada entera de How I met your mother. O dos. ¡O todas!

¿Por dónde empiezo?... ¿Estás de coña?... ¡¡A la bañera!! La lleno hasta los topes y me sumerjo en un impresionante baño de espuma...Y yo que pensé que la bañera ya sólo servía como escenario para el barco de los clics. ¡Ay, cuán equivocada estaba!. Exfoliante. Mascarilla. Hidratante. Nutritiva. Algún producto más y tendré que llamar al Servicio de Atención al Intoxicado. Escurro tanto que podría apuntarme a una competición de bobsleigh en línea recta y ganar por tres cuerpos, claro que cuando me quite la ropa será como desnudar un tranchete, pero no me importa porque llevo torta. Ahora que caigo, es una lástima que la láser no me permita ya disfrutar de un buen tarro de cera caliente, como antaño, cuando los aullidos cerraban estas placenteras sesiones de peluquería y estética.

Finalizado el baño me doy cuenta de lo gozoso que habría sido escuchar a Los Ramones en el 90 de volumen mientras hacía el anfibio. Intentando subsanar tamaño olvido conecto el CD y bailoteo delante del espejo, como cuando tenía quince años. Está bien, y veinte... ¡Y ya! El efecto estético es demasiado chocante así que opto por tirarme en plancha a la nevera, abrir una cerveza y sentarme en la terraza a leer el periódico, que para eso no hay límite de edad. Repasada la actualidad, apoyo el codo en la barandilla, enciendo un cigarro, me mareo muchísimo y simulo una despreocupada conversación de barra de bar con un amigo imaginario. Antes de que me vean los vecinos vuelvo a mi asiento y ojeo las revistas, memorizando estilismos para los próximos seis meses, por si no tengo oportunidad de abrir otra en mucho tiempo. Me pregunto qué estarán haciendo Marido y Lasniñas. Les llamo. Al colgar siento ganas de llamar de nuevo. Expulso a empujones la idea de mi cabeza y me voy corriendo a meter el bajo de unos pantalones que llevan en el armario desde el 99 porque aún no he podido arreglarlos... Me tengo que dar prisa porque tengo que disfrutar de muchas cosas aún... Dejo los pantalones a medio coser al recordar que tengo que cortarme las uñas para no parecer más un guitarrista flamenco. Feliz con mis uñas cortas, me voy a cocinar un poco, que me relaja mucho. Hago seis docenas de flanes y salmorejo para toda la urbanización. De vuelta al salón, pongo la tele y paso los capítulos de la serie a cámara rápida. ¿Habrán comido ya Lasniñas? Noto que me estoy estresando. Otra cerveza y una lata de berberechos con mucho vinagre me devuelven a la realidad. Desempolvo la discografía completa de Sabina y recuerdo viejos tiempos cantando a voz en grito. Me callo. Cuánto silencio hay en esta casa, por dios... Busco el lado positivo y me desnuco en el sofá dispuesta a echarme una siesta excesiva para un adulto sano. ¿Se habrá llevado Marido el chupete? No por él, es más por Lapequeña, que montará en cólera y no dormirá su siesta ni narcotizada si no lo mordisquea un rato.

Me despierto horas después con unas ganas de dulce que ni Winnie the Pooh. Abro un paquete de Oreo y me acuerdo de las meriendas de Lamayor, en el parque, abriendo galletitas. Una lagrimilla incipiente me chiva lo mucho que les echo de menos. No puedo más con este silencio pordiosssss....¿Es que no piensan llegar nunca? Tratando de paliar el mono corro a su baño a oler el aceite Johnson y a tirar de la cuerda de esas mariquitas de madera que les regalaron LosReyes y que esconden en sus barrigas la música más chillona y repetitiva de cuantas tenga la SGAE. Hoy sin embargo me encanta. Tiro y tiro de la cuerda hasta que me veo a mí misma desde fuera y me asusto mucho. De pronto oigo a un bebé llorar y me asusto más aún porque temo empezar a enloquecer. Es en casa de los vecinos. Ay que ver qué suerte tienen algunos...

Vago por la casa como un alma en pena hasta que oigo la puerta del garaje y grito de alegría. Lamayor entra corriendo y me pregunta ¿Nos has echado de menos, mami? Sin darme tiempo a contestar, y a derretirme, la carcajada de Marido responde por mí. Qué rabia me da que me conozca tanto, oiga.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Epicentros comerciales

Cuando te vas a vivir extramuros de repente te das cuenta de todo lo que te perdías al empecinarte en vivir en el mismito centro de Madrid. A cambio de poder bajar a la calle a pisar cacas de perro a diario y oler los efectos de una noche de copas, renunciabas a todo un universo de parques con árboles, piscinas que se bajan de las azoteas e hipermercados con cúpulas dignas de algún emirato árabe o territorio de opulencia similar. Los siempre denostados Centros Comerciales se llevan la peor parte, pobres. Y no sé muy bien porqué...¡A mí me encantan! Adentrarte en ellos es como pasear por un parque temático lleno de sucursales de Inditex por todas partes...¡El paraíso!. Pero vamos, que si hay que criticar, se critica... Faltaría.

Planta -1. El Parking, un lugar oscuro e insalubre cuya humedad te riza las puntas nada más bajarte del coche. Eso si consigues llegar a pescar una plaza libre entre tanta columna de estilo arquitectónico incalificable que únicamente busca tu ruina y tu desorientación. Para que la intención no sea tan explícita, pintan las columnatas de colores diversos, como árboles de una ruta de montaña en busca de boy scout con ganas de senderismo. No te fíes y deja sobre el capó una flecha de neón o un rosetón gótico, lo que más a mano te pille, porque luego te cambiarán el coche de sitio y resultará absolutamente imposible encontrarlo sin tener que salir a respirar varias veces.

Una vez localizada la entrada al CC, con el carrito de Lapequeña a dos ruedas y Lamayor huída y perseguida en tres ocasiones, llegas a la Planta 0 o Planta Calle, llena a rebosar de gente que la utiliza para acortar hasta casa sin tener que rodear el edificio y ya de paso comprarse un juego de cuchillos y un par de camisones. Ésta es la planta del caos. Carritos con bebés que chocan entre sí; puertas que pitan cuando entras y cuando sales; Piolines desmesurados que se te acercan por detrás para ofrecerte un globo y casi te provocan un ingreso hospitalario; escaparates setenteros, futuristas, minimalistas, politeístas, de camping, del Racing, del Sporting...gentes que te venden coches, seguros, crecepelos...tigres, cebras, bomberos toreros, mujeres barbudas...

El momento tienda pegada a tienda, hasta el infinito y más allá, tiende a ser de lo más desquiciante. Es como ir a casa de tu cuñado y descubrir que en el mismo rellano viven seis de tus mejores amigos de la facultad. ¿Cómo no te vas a pasar a verles, por dios? Diez tiendas, dos horas y doscientos euros después te vas a casa culpable, con la cabeza gacha y la sensación de haberte arruinado en el bingo.

En las versiones más avanzadas de CC's existe la posibilidad de depositar a los cachorros en una especie de corralitos con suelo de corchopán, donde pueden dibujar, leer y pegarse con gente de su misma estatura como si estuviesen en un bar de carretera. Tras la valla, los padres vigilantes no pierden de vista el ring, pensando que sus hijos son infinitamente más guapos, altos, listos y elegantes que los demás. Sin duda ninguna.

Atravesar el CC en horizontal es harto dificultoso pero hacerlo en vertical es de experimentado superhéroe. Para pasar de nivel existe la opción Aventurera, que implica adentrarse en la jungla en busca de un ascensor; o la versión Funambulista, que supone encaramar el carrito de Lapequeña al peldaño inferior de la escalera mecánica, mientras con la mano libre sujetas a Lamayor del pelo para evitar que se caiga rodando, todo ello con la misma destreza, soltura y pericia que los chinos del Circo del Sol.

Una vez en la Planta 1, especializada en Cines y Restauración, podrás elegir entre diecisiete menús hipermegacalóricos diferentes pero no te importará porque con el ejercicio físico que has tenido que realizar hasta llegar al micrófono que recoge tu pedido, sientes que te puedes dar ese capricho y seis más. Si además eliges la opción Cine, siempre podrás engullir un bucket de palomitas de similares dimensiones a la bañera Popolini, aquella gran idea que la abuela le regaló a Lamayor recien nacida porque antes era tendencia reproducir en el baño la contorsión que los bebés debían soportar dentro del útero. Suena a planazo, ¿no?

Salir a las dos de la mañana de un cine de Gran Vía, antes de que los aniquilasen a todos con pistolas láser, y sentir que llegas a casa acompañada de la más extraña fauna humana era inquietante. Hacerlo del cine de un CC y encontrarte únicamente a limpiadoras que analizan el entorno con cara de homicidas medicadas es mucho más desolador. Entre la extrema vegetación del extrarradio, sus casas de dos pisos, sus piscinas perfectas y sus vecinos con polos de colores y los hermanos Alcázar con su brick de vino frente a la puerta de Madrid Rock, dudaré siempre con quien quedarme. Quelevoyhacer...

viernes, 13 de agosto de 2010

Mudanza, mon amour

Dicen las habladurías que una mudanza siempre es eso, una mudanza, imprevisible y caótica, independientemente del número de hijos que deambulen entre sus cajas. Créanme que la versión con dos es bastante más devastadora para la prestancia y el ánimo del ser humano en general y del padre o madre en particular.

Salimos hace cinco días de la antigua casa y hasta ayer a las ocho de la tarde no encontramos a Lapequeña, camuflada como estaba entre embalajes de todo pelaje, tamaño y condición. A día de hoy aún continúan en paradero desconocido seis cojines de sofá, una cuna, el mando de la tele y la Epilady. Sí. Correcto. Llevamos días sin poder conectar el Plus, con las cervicales al descubierto y todos sin depilar.

Al darnos cuenta de que nuestra convivencia con las cajas iba para largo, hemos optado por hacernos superamigos íntimos osea e incorporarlas a nuestra vida cotidiana con habilidad y cierta maña. Comemos sobre caja, cenamos sobre caja, nos subimos a caja para coger otra caja y hasta acostamos a Lapequeña en caja a la espera de que aparezca la cuna que se perdió en otra caja. Lo parece, pero no he entrado en bucle.

Durante los dos primeros días de estancia en la nueva casa nos alimentamos exclusivamente de bayas de Goji porque todos nuestros esfuerzos por encontrar las cajas portadoras del letrero cocina resultaron inútiles. Por suerte descubrimos pronto una farmacia a la vuelta de la esquina capaz de proveer de potitos a los miembros de la familia que aún carecen de dientes. Poco después descubrimos el telepizza, el telechino y el teletransporte a casa de unos amigos y vecinos de urbanización que nos proveyeron de gazpacho y pan bimbo hasta el primer día hábil en que abrió carrefour. Entonces hicimos compra del tipo Pongameustedunpocodetodo. De todo excepto sal, como manda la tradición, único alimento que la providencia te hace olvidar en todos los traslados para obligarte a socializar con los vecinos más cercanos. En nuestro caso tuvimos suerte porque descubrimos en el fondo de una amiga caja un salero con la inscripción Estuve en Mijas y me acordé de ti, repleto de sal yodada fina de mesa. Genial. Ya no hay que sonreír al vecino del perro!

La nueva casa es infinitamente más grande que la anterior así que ver colocadas nuestras antiguas pertenencias sobre sus paredes viene a ser lo mismo que ver aparcado el coche de Ken en una plaza para minusválidos. Mires donde mires sólo verás paredes blancas y desnudas como en un manicomio. Esto hace rato que dejó de llamarse minimalismo para convertirse en el más pornográfico de los nudismos decorativos. Para intentar compensar, me empeño diariamente en montar los ocho paneles japoneses que nos esperan dentro de su caja - ¿Dónde si no?- pero su complejidad supera con creces la escasa materia gris que me queda agazapada entre las nubes de polvo que esta casa me obliga a respirar. Me paso todo el día con una bata de flores y un pañuelo en la cabeza, como las campesinas de Fellini pero sin mijita de glamour, con una eterna duda circunvalándome los rulos ¿Y esto de dónde ha salido? ¿Qué hago, lo tiro o no lo tiro?. Abrimos cajas. Colocamos enseres. Plegamos cajas. Esto no termina jamás. Abrimos cajas. Colocamos enseres. ¿Siempre he tenido tantos zapatos? Desde hace años sospecho que tengo demasiados pero nunca imaginé que colocarlos me llevaría más de seis horas de reloj. Cuando descubrí que era la tercera vez que colocaba el mismo par, entendí el misterio: mientras yo colocaba, Lapequeña los cogía, chupaba la suela y los volvía a meter en la caja de origen. Y así durante horas, como si fuésemos un dúo cómico y éste su número estrella.

Amparándonos en la teoría ancestral del Déjalesquesentretengan, transmitida de padres a hijos desde tiempo inmemorial y que consiste básicamente en poner al alcance de los cachorros cualquier artilugio que sea capaz de distraerles diez segundos, hemos visto a Lasniñas salir airosas de las situaciones más comprometidas: Lamayor jugando entre cajas de clavos de puntas oxidadas, comprobando la viabilidad de los enchufes, apilando bombillas, afilando cuchillos... Esta misma mañana la he visto aparecer por la puerta del salón blandiendo la Black&Decker a lo Lara Croft and the Guardian of light y casi me da una apoplejía. Detrás iba Lapequeña con la cabeza enrollada en cinta americana como si fuese un diminuto y sonriente faquir. Pasado el terror inicial, Marido y yo sonreímos, henchidos de orgullo y baba contenida.

Aunque estos momentos mudanza son los únicos que te dan la posibilidad de beber gazpacho en copas de cava sin parecer retrasado mental, cada noche me duermo aterrada pensando si nos habremos dejado a alguna de Lasniñas en el contenedor del cartón. Y eso mina la salud de cualquiera. Estoy tan descentrada que ni siquiera me he dado cuenta de que Lapequeña ha aprendido a gatear solita y entre cajas...¿Dónde si no?...

viernes, 6 de agosto de 2010

¿Cúanto falta, papá?

Por circunstancias que no vienen al caso y que resultaría francamente aburrido explicar, en el último año nos hemos visto obligados a realizar una media de ciento cincuenta viajes en coche al mes. Cada fin de semana, por uno u otro motivo, siempre terminamos metidos en el coche con la casa a cuestas, como la Familia Caracol. Durante todo este tiempo, debido a los innumerables estudios de campo realizados y a mi gran experiencia sobre el terreno, me he preparado a conciencia para lanzar al mundo una nueva teoría que regularice de una vez por todas los viajes infantiles.

Viajes Tipo I o Viajes Quenoseduermanquelacagamos.
Este tipo de viajes se realizan normalmente sobre las 6 ó 7 de la tarde y casi siempre despues de una jornada festivalera en casa de familiares y/o amigos. Los cachorros han ingerido todo tipo de sustancias azucaradas y de colores diversos, hecho que les ha producido una sobreexcitación peligrosa y un desgaste muscular excesivo incluso para un equipo federado de ciclismo de montaña. De vuelta a casa, creerán hallar en el asiento del coche el huequito ideal para su particular cura de reposo. Y ni de broma.
Es entonces cuando el brazo izquierdo del padre o madre copiloto adquiere dimensiones sobrenaturales para balancear frente a los ojos del niño exhausto todo tipo de objetos que llamen su atención. A tal efecto valdrá cualquier juguete, un kleenex usado a modo de banderola o una navaja suiza desplegada en toda su extensión. También existe la opción del canto paterno a capella, acompañado de palmitas y bailes con mímica que ilustren las estrofas. Si aún así el/la niño/a es incapaz de mantener los ojos abiertos siempre se le puede sobreestimular exagerando su realidad circundante con exclamaciones del tipo "Mira, cariño, una vaca" Da igual que vayas por la M30 o por mitad de la Castellana, eso siempre llamará su atención. Si todo lo anterior falla, es hora de sacar la bolsa de Risketos y dejar que la engullan sin temor a lo que diga tu tío el nutricionista.
Si triunfas en tu empeño, la llegada a casa transcurrirá con normalidad y tú podrás cenar y ver una película, o los créditos al menos, antes de roncar grácilmente en el sofá.
Si fracasas, prepárate para jugar con la plastilina hasta las dos de la mañana. No te digo más.

Viajes Tipo II o Viajes del Duermetepordiossssss
Este tipo de viajes requieren desplazamientos largos, en tiempo o número de kilómetros, y deberán ser programados en aquellas horas del día en que los cachorros acostumbren a dormitar en su devenir cotidiano. Dependiendo de la cuantía de kilómetros u horas de viaje estimadas quizá se deba poner en práctica alguna de las tácticas utilizadas en los Viajes Tipo I, con el fin de que el sueño aparezca en el punto deseado. Nota importante: Exactamente en el mismo momento en que el/la niño/a contorsione su cuello hasta posiciones jamás vistas y pliegue los párpados con o sin candor, los padres NO deberán detener el vehículo bajo ningún concepto. Un padre con hijos dormidos en el asiento trasero no mea, para eso lleva la sonda; no tiene sed, ni hambre, ni fatiga, ni calambres en las piernas. ¡No hay dolor, compañeros!
Si la vejiga de alguno de los dos progenitores no está de acuerdo con lo anteriormente expuesto, el padre o madre deberá bajarse en marcha mientras el otro circunvala la estación de servicio cuantas veces sean necesarias. Si el miccionante resulta ser el conductor, deberá ceder su asiento con destreza a su acompañante y avisárselo antes, no vaya a ser.
Buscando jurisprudencia sobre el tema he descubierto que incluso la Guardia Civil lo considera atenuante si te saltas un control. Ya puedes despedazar la barrera como en las pelis de espías que en cuanto vean a tus niños roncando en el asiento trasero, te saludarán y dejarán que sigas tu camino, que antes de autoridades son padres, hombre, y entre nosotros nos entendemos.
El mayor peligro de este tipo de viajes es que doscientos kilómetros antes de meta oigas el tan temido ¿Cúanto falta, papá? Entonces prepárate para sufrir los embistes de un niño sobradamente descansado y con ganas de fiestuqui, porque ni el DVD portatil podrá apaciguarle.

En apenas unas horas, La Familia Caracol pondrá en práctica uno de estos viajes Tipo II, cargados con cientos de enseres acumulados en año y medio de residencia fuera del hogar familiar. Volvemos a nuestra ciudad de origen ilusionados, bronceados y cargados como miembros de un circo itinerante que finaliza su tournèe veraniega...
¡Deséennos suerte!

martes, 3 de agosto de 2010

In the ghettoooo...

Aunque no queramos, incluso aunque a veces lo neguemos, los padres con hijos pequeños tendemos a organizarnos en guetos de estructuras homogéneas donde nos encontramos cómodos, nos lamemos mutuamente las heridas y nos dejamos querer. Dentro nos sentimos fuertes y sin miedo a que nos tachen de poco profundos e insustanciales si nuestras conversaciones diarias se reducen a cacas, purés y cronologías estimativas de la dentición humana.

El fin de semana pasado, organizamos una de estas reuniones hijomasónicas junto a unos amigos que vinieron a pasar dos días a casa en amor y compañía. La contraseña para abrir la puerta y dejarles pasar fue sencilla y no requirió acuerdo previo ¿Has hecho ya puré? - escuché tras la puerta, con la cara pegada a la mirilla. Correcto. De 6 verduras y pollo. No hizo falta más comunicación. Sabíamos que a partir de ese momento, hablaríamos el mismo idioma.

Losamigos aportaron a la camada una pequeña muñeca de menos de dos años que hizo las delicias de Lamayor y Lapequeña durante todo el fin de semana. Lamuñeca entró en casa como yo en las rebajas de Zara, feliz, mirándolo todo, tocándolo todo, cogiéndolo todo y luego soltándolo en cualquier rincón cuando creía no ser vista. Nosotros sonreíamos gustosos porque no tuvimos ninguna necesidad de amordazar a Pocoyó y a Pato y esconderlos en el sótano, como solemos hacer cuando nos visitan parejas sin hijos, para que no vean que nuestros mejores amigos ahora son de felpa. Puzzles, rotus y mordedores camparon a sus anchas por el salón sin miedo a ser detenidos y encarcelados por agrupación ilegal. Nos sentíamos tan sueltos que incluso dejamos los DVDs de Disney en la estantería y no desempolvamos la serie de cine serbocroata que sacamos como atrezzo para impresionar a las visitas.

Durante todo el fin de semana la mesa estaba puesta a la una y media, como hace la gente de bien. Si durante la comida, una de las hijas del grupo - porque en este tipo de grupos los hijos se colectivizan, como en las sectas - decide de motu proprio comer en brazos de padre o madre y meter los deditos en el arroz en repetidas ocasiones, nadie mirará al progenitor con ojos de reprobación ni de hay que ver que mal estás educando a tu hija. Entre nosotros nos entendemos, y si la criaturita tiene en ese momento unas ganas locas de tocar el arroz será porque sus sentidos están despertando a la gastronomía del lugar y le gusta experimentar texturas nuevas. Punto. De igual modo tú podrás ausentarte un momento al baño sabiendo que si a Lapequeña se le atasca un trozo de manzana en el espacio interno comprendido entre el velo del paladar y la entrada del esófago y la laringe, siempre habrá cerca un padre adiestrado en la maniobra del meñique y del golpe en la espalda para invitarle a salir.

Tras la ingesta de alimentos disfrutamos de una o dos siestas de hora y media de duración aproximada, como si agentes del Mosad disfrazados de vecinos playeros hubieran echado gas paralizante por las ventanas de casa. Nos levantamos todos en pijama y con gorro de dormir, con la marca de la almohada en la mejilla y sin disimulos del tipo perdón, me quedé traspuesto un momento viendo la 2.

Despues de la siesta y de un breve baño en la piscina cargados con dos Samsonite a rebosar, bañamos nuevamente a las niñas - esta vez con jabón y sin manguitos - y salimos de casa dispuestos a rescatar de la tradición española la tan estimada y nunca bien ponderada meriendacena. El menú consistió en elevadas dosis de gusanitos, palotes, chespiritos al jamón y dos gofres. Todo muy nutritivo. Mientras Lamayor y Lamuñeca correteaban, y Lapequeña se conectaba al biberón bomba, apenas nos sentimos obligados a intercambiar palabra alguna. Pasamos la tarde mirando los posavasos y disfrutando de los breves minutos de silencio que proporciona el autoentretenimiento infantil. Es cierto que en un par de ocasiones intentamos sacar una conversación intelectual al azar, pero como no cuajó, perdimos de nuevo la mirada entre el posavasos y el servilletero. Tan ricamente.

De vuelta a casa antes de las 11, con las niñas ya desnucadas sobre sus respectivas camitas, todos nos hicimos abiertamente los longuis para no tener que sacar la botella de vino que con tan buenas intenciones compré. La velada a la luz de la luna sonaba bien pero en la tele echaban Callejeros Playeros y preferimos criticar con saña la condición humana, entre cabezada y cabezada. A las doce todos planchando la oreja... los del Mosad otra vez.

... A pesar de que él se bebió todas mis cervezas, que ella acabó con las reservas familiares de leche y que Lamuñeca nos obsequió con una pintura rupestre en la pared del pasillo, estoy deseando que vuelvan...la verdad.