viernes, 6 de agosto de 2010

¿Cúanto falta, papá?

Por circunstancias que no vienen al caso y que resultaría francamente aburrido explicar, en el último año nos hemos visto obligados a realizar una media de ciento cincuenta viajes en coche al mes. Cada fin de semana, por uno u otro motivo, siempre terminamos metidos en el coche con la casa a cuestas, como la Familia Caracol. Durante todo este tiempo, debido a los innumerables estudios de campo realizados y a mi gran experiencia sobre el terreno, me he preparado a conciencia para lanzar al mundo una nueva teoría que regularice de una vez por todas los viajes infantiles.

Viajes Tipo I o Viajes Quenoseduermanquelacagamos.
Este tipo de viajes se realizan normalmente sobre las 6 ó 7 de la tarde y casi siempre despues de una jornada festivalera en casa de familiares y/o amigos. Los cachorros han ingerido todo tipo de sustancias azucaradas y de colores diversos, hecho que les ha producido una sobreexcitación peligrosa y un desgaste muscular excesivo incluso para un equipo federado de ciclismo de montaña. De vuelta a casa, creerán hallar en el asiento del coche el huequito ideal para su particular cura de reposo. Y ni de broma.
Es entonces cuando el brazo izquierdo del padre o madre copiloto adquiere dimensiones sobrenaturales para balancear frente a los ojos del niño exhausto todo tipo de objetos que llamen su atención. A tal efecto valdrá cualquier juguete, un kleenex usado a modo de banderola o una navaja suiza desplegada en toda su extensión. También existe la opción del canto paterno a capella, acompañado de palmitas y bailes con mímica que ilustren las estrofas. Si aún así el/la niño/a es incapaz de mantener los ojos abiertos siempre se le puede sobreestimular exagerando su realidad circundante con exclamaciones del tipo "Mira, cariño, una vaca" Da igual que vayas por la M30 o por mitad de la Castellana, eso siempre llamará su atención. Si todo lo anterior falla, es hora de sacar la bolsa de Risketos y dejar que la engullan sin temor a lo que diga tu tío el nutricionista.
Si triunfas en tu empeño, la llegada a casa transcurrirá con normalidad y tú podrás cenar y ver una película, o los créditos al menos, antes de roncar grácilmente en el sofá.
Si fracasas, prepárate para jugar con la plastilina hasta las dos de la mañana. No te digo más.

Viajes Tipo II o Viajes del Duermetepordiossssss
Este tipo de viajes requieren desplazamientos largos, en tiempo o número de kilómetros, y deberán ser programados en aquellas horas del día en que los cachorros acostumbren a dormitar en su devenir cotidiano. Dependiendo de la cuantía de kilómetros u horas de viaje estimadas quizá se deba poner en práctica alguna de las tácticas utilizadas en los Viajes Tipo I, con el fin de que el sueño aparezca en el punto deseado. Nota importante: Exactamente en el mismo momento en que el/la niño/a contorsione su cuello hasta posiciones jamás vistas y pliegue los párpados con o sin candor, los padres NO deberán detener el vehículo bajo ningún concepto. Un padre con hijos dormidos en el asiento trasero no mea, para eso lleva la sonda; no tiene sed, ni hambre, ni fatiga, ni calambres en las piernas. ¡No hay dolor, compañeros!
Si la vejiga de alguno de los dos progenitores no está de acuerdo con lo anteriormente expuesto, el padre o madre deberá bajarse en marcha mientras el otro circunvala la estación de servicio cuantas veces sean necesarias. Si el miccionante resulta ser el conductor, deberá ceder su asiento con destreza a su acompañante y avisárselo antes, no vaya a ser.
Buscando jurisprudencia sobre el tema he descubierto que incluso la Guardia Civil lo considera atenuante si te saltas un control. Ya puedes despedazar la barrera como en las pelis de espías que en cuanto vean a tus niños roncando en el asiento trasero, te saludarán y dejarán que sigas tu camino, que antes de autoridades son padres, hombre, y entre nosotros nos entendemos.
El mayor peligro de este tipo de viajes es que doscientos kilómetros antes de meta oigas el tan temido ¿Cúanto falta, papá? Entonces prepárate para sufrir los embistes de un niño sobradamente descansado y con ganas de fiestuqui, porque ni el DVD portatil podrá apaciguarle.

En apenas unas horas, La Familia Caracol pondrá en práctica uno de estos viajes Tipo II, cargados con cientos de enseres acumulados en año y medio de residencia fuera del hogar familiar. Volvemos a nuestra ciudad de origen ilusionados, bronceados y cargados como miembros de un circo itinerante que finaliza su tournèe veraniega...
¡Deséennos suerte!

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