jueves, 9 de septiembre de 2010

¿Celos de Madre?

Que tener hijos es cosa de dos es biológicamente indiscutible, estarán de acuerdo conmigo. Aquello de papá pone una semillita en mamá, las abejas y las flores, la serpiente en la cueva... Excepto la inmaculada concepción y algún que otro divino desliz, todos las demás procreaciones de la historia han sido indefectiblemente en pareja, al menos en su inicio.

Durante el embarazo, la balanza que sustenta los porcentajes de participación comienza claramente a inclinarse del lado materno. Yo soy el doble de mí misma y tú continúas en el mismo botón del cinturón desde el 98, es un reproche la mar de típico, acompañado casi siempre de algún gemidito lastimero, empujón, puñetazo y demás gestos de dudoso gusto.

En el momento del parto los ratios se disparan hasta el escándalo. El ayudar a respirar de forma pausada y sujetar la mano con firmeza, si bien es amoroso y nos llena de agradecimiento, se queda algo escasito en esos picos de dolor desgarrador y sobrehumano, en los que te gustaría aullar y despedazar algo con los dientes antes de volver a tu cueva. Después llegan la convalecencia, la lactancia, el descuelgue de carnes, el desajuste hormonal, el desquicie, el caos existencial de dónde habré puesto yo mi yo… y en estos menesteres, papá casi siempre ha salido a comprar tabaco; obligado, eso sí, porque ese cuerpo no es el suyo y toda empatía tiene su límite.

Durante el resto de vida de los retoños, cada cual se las apaña como puede o le dejan. Llega el momento de los pactos y las negociaciones duras, en las que casi siempre gana uno y pierde otra, para qué engañarnos.

Y de repente un día, después de haber estado doce horas ininterrumpidas escuchando sollozos y gritos, recibiendo mordiscos y lametones, corriendo con el pelo lleno de galleta, subiendo, bajando, ahora al suelo, ahora arriba, ahora quiero andar, ahora quiero vomitarte en el vestido, ahora caerme y darte un susto de muerte, ahora atragantarme hasta ponerme color berenjena, ahora salir del probador y hacer que vengas a por mí con los pantalones por las rodillas…. de pronto escuchas un “Noooo, tú nooo, quiero que me acueste papá” …. ¿Mande? … Incapaz de sostener tu propia cara de acelga abandonas la habitación cabizbaja pero orgullosa del amor de tus criaturas hacia su Padre, con mayúsculas.

Quiero que me columpie papá, tú no, que no eres fuerte, quiero en hombros de papá, papá, papá, papáááá…. ¡¡¡Aaaaaahhhh!!! Pues ahí os quedáis con vuestro padre, que yo me voy al Casino a jugarme vuestro dinero de la universidad - se dibuja en un bocadillo sobre tu cabeza mientras oyes un portazo imaginario.

Pero no, no son celos, no confundan, yo no lo denominaría así, es la misma sensación que cuando escuchas de boca de tu jefe tu evaluación anual y ves que el variable sigue con ese síndrome Peterpan que le impide crecer y hacerse grande… y es que hay veces en que darlo todo, todo, todo, absolutamente todo, no es suficiente. O sí, pero no nos lo parece.

4 comentarios:

  1. Que bueno!

    Quizá lo suficiente sea no dar todo y cortar el grifo.. je je
    Duro con ello compañera

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  2. Quizá, quizá... o quizá el secreto sea conformarnos con lo poco o mucho que venga... quien sabe! :)

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  3. Bueno, bueno, eso no es el fin del mundo...
    Las cosas son más sencillas....
    Ahora soy de mamá, ahora de papá,,,
    Vá por temporadas....
    Según llueva o haga sol....
    Luego, no os hagáis ilusiones, hay una época en que tanto el papá como la mamá son lo más ridículo, inculto, vergonzoso e inapropiado que pueda soportar un ser humano...
    Luego vuelves a ser su amigo...

    Cuando tienen hijos, jajajaja
    Y luego, en cuanto de descuidas, te han "jubilado" de todas las neuronas...

    No pasa nada.
    Por cierto, Recuerdos a nuestra amiga común, Carmen Pozueta Gómez-
    Un besito, amiga.

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  4. Jajajaja, cierto, mejor disfrutar de esta época que ya vendrán tiempos en que elijan por nosotros el asilo :)
    Carmen es una muy buena tía postiza. Le daré besos en cuanto la vea. De tu parte, y de la mía.
    Un abrazo!

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