lunes, 27 de diciembre de 2010

Lamadre de Lartista

En estos últimos días me he sentido tan identificada con Margarita Seisdedos que albergo cierto susto en mi interior. El día 22 tuvo lugar la función de Navidad en el cole de Lamayor y pasó lo que tenía que pasar, que me comporté como la loca que soy sin que nadie pudiera impedírmelo.

En contra de cuantos consejos di en el anterior post, me fui al Salón de Actos acompañada de Marido y de una amiga, cargando con la cámara de vídeo, la cámara de fotos, la cámara de los lores, la de los comunes y la de comercio. Entre velados empujones y pellizcos al bies me hice sitio en primera fila para poder ver de cerca a Miniña cantando ese villancico inaudible y siguiendo una coreografía imposible junto a otros veinte miniseres tuneados de igual modo pastoril. Ni que decir tiene que Lamía era la más guapa, la que mejor llevaba el ritmo y a la que mejor quedaba el mandil. Juré que no iba a llorar, ni una lagrimica siquiera, pero antes de abrirse el cortinaje de terciopelo rojo que ocultaba a los artistas ya había empapado sin pudor alguno un par de pañuelitos empuntillados que guardaba escondidos en el escote, bajo la tira del sostén.

Como las mudanzas tienen una querencia mala a perder cualquier cosa que en algo se estime, el vestido que lucía Lartista para la ocasión tuvo que ser improvisado en el último momento. Disfraz originario de Caperucita, hábilmente customizado con flores de fieltro cosidas al bajo, pañuelo payés en rojo chispa sujeto con sendas pinzas floridas y zurrón. ¡Ay el zurrón! El zurrón merece capítulo aparte. Harta de recorrerme tiendas y showrooms sin localizar ninguno digno, me dirigí a una tienda de telas por consejo de Lamiga Sabia y diez minutos después ya estaba yo zurciendo frente a la chimenea, rodete en alto, con el piquito de la lengua asomando por la comisura de los labios, la rebeca calada sobre los hombros y las gafas de tricotar en la punta Lanariz. Para ser la primera vez que cogía una aguja desde aquellos tapetes en punto de cruz con que Lasmonjas nos amenizaban las clases de Pretecnología de los viernes tarde, no estuvo mal, oiga.

Como me sobraba algo de tela - frase de madre donde las haya- le hice unos calentadores a juego que sujeté a sus diminutas espinillas con sendas tiras de raso rojo. Vamos, que Laniña iba que quitaba del todo el sentío y no es que lo diga yo, que también fueron de la misma opinión su padre y ambas abuelas, conocidos todos ellos por su objetividad y juicio ecuánime.

La actuación estuvo bien, al menos la imagen velada que pude apreciar entre las múltiples lágrimas y continuos disparos de mi propio flash, ambos dos elementos cegadores que me hicieron ver la actuación como si estuviese en el fondo de una pecera. Cuando terminó quise subir al escenario para abrazarla y besuquearla pero unas manos me lo impidieron, quiero pensar que fue Marido, pero es posible que fuese la Guardia Civil, avisada con antelación por los asistentes de la fila de atrás que no oían nada con mis gritos de plañidera groupie.

Si esto ha sido así tal cual lo cuento, sin dejarme apenas nada, no quiero ni imaginarme el día en que Misniñas recojan emocionadas el Nobel de Medicina, juren la Constitución como primera Presidenta de Gobierno o disfruten del primer permiso penitenciario. Allí estaré yo con el visón hasta los tobillos y el rímel corrido, orgullosa de cualquier cosita que hagan y recordándoles continuamente que se calcen, se quiten el flequillo de la frente, anden erguidas y se coman el pollo.

2 comentarios:

  1. jajajaja, es una pena que no podamos ver las fotos, por que me pica la curiosidad de ver como iba la niña tuneada! tiene buena pinta!!!
    Grande tu amor de madre! :_)

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  2. Ni loca! que no quiero que se vengue y de mayor ponga en su blog alguna mía con rulos :)

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