Cuando te vas a vivir extramuros de repente te das cuenta de todo lo que te perdías al empecinarte en vivir en el mismito centro de Madrid. A cambio de poder bajar a la calle a pisar cacas de perro a diario y oler los efectos de una noche de copas, renunciabas a todo un universo de parques con árboles, piscinas que se bajan de las azoteas e hipermercados con cúpulas dignas de algún emirato árabe o territorio de opulencia similar. Los siempre denostados Centros Comerciales se llevan la peor parte, pobres. Y no sé muy bien porqué...¡A mí me encantan! Adentrarte en ellos es como pasear por un parque temático lleno de sucursales de Inditex por todas partes...¡El paraíso!. Pero vamos, que si hay que criticar, se critica... Faltaría.
Planta -1. El Parking, un lugar oscuro e insalubre cuya humedad te riza las puntas nada más bajarte del coche. Eso si consigues llegar a pescar una plaza libre entre tanta columna de estilo arquitectónico incalificable que únicamente busca tu ruina y tu desorientación. Para que la intención no sea tan explícita, pintan las columnatas de colores diversos, como árboles de una ruta de montaña en busca de boy scout con ganas de senderismo. No te fíes y deja sobre el capó una flecha de neón o un rosetón gótico, lo que más a mano te pille, porque luego te cambiarán el coche de sitio y resultará absolutamente imposible encontrarlo sin tener que salir a respirar varias veces.
Una vez localizada la entrada al CC, con el carrito de Lapequeña a dos ruedas y Lamayor huída y perseguida en tres ocasiones, llegas a la Planta 0 o Planta Calle, llena a rebosar de gente que la utiliza para acortar hasta casa sin tener que rodear el edificio y ya de paso comprarse un juego de cuchillos y un par de camisones. Ésta es la planta del caos. Carritos con bebés que chocan entre sí; puertas que pitan cuando entras y cuando sales; Piolines desmesurados que se te acercan por detrás para ofrecerte un globo y casi te provocan un ingreso hospitalario; escaparates setenteros, futuristas, minimalistas, politeístas, de camping, del Racing, del Sporting...gentes que te venden coches, seguros, crecepelos...tigres, cebras, bomberos toreros, mujeres barbudas...
El momento tienda pegada a tienda, hasta el infinito y más allá, tiende a ser de lo más desquiciante. Es como ir a casa de tu cuñado y descubrir que en el mismo rellano viven seis de tus mejores amigos de la facultad. ¿Cómo no te vas a pasar a verles, por dios? Diez tiendas, dos horas y doscientos euros después te vas a casa culpable, con la cabeza gacha y la sensación de haberte arruinado en el bingo.
En las versiones más avanzadas de CC's existe la posibilidad de depositar a los cachorros en una especie de corralitos con suelo de corchopán, donde pueden dibujar, leer y pegarse con gente de su misma estatura como si estuviesen en un bar de carretera. Tras la valla, los padres vigilantes no pierden de vista el ring, pensando que sus hijos son infinitamente más guapos, altos, listos y elegantes que los demás. Sin duda ninguna.
Atravesar el CC en horizontal es harto dificultoso pero hacerlo en vertical es de experimentado superhéroe. Para pasar de nivel existe la opción Aventurera, que implica adentrarse en la jungla en busca de un ascensor; o la versión Funambulista, que supone encaramar el carrito de Lapequeña al peldaño inferior de la escalera mecánica, mientras con la mano libre sujetas a Lamayor del pelo para evitar que se caiga rodando, todo ello con la misma destreza, soltura y pericia que los chinos del Circo del Sol.
Una vez en la Planta 1, especializada en Cines y Restauración, podrás elegir entre diecisiete menús hipermegacalóricos diferentes pero no te importará porque con el ejercicio físico que has tenido que realizar hasta llegar al micrófono que recoge tu pedido, sientes que te puedes dar ese capricho y seis más. Si además eliges la opción Cine, siempre podrás engullir un bucket de palomitas de similares dimensiones a la bañera Popolini, aquella gran idea que la abuela le regaló a Lamayor recien nacida porque antes era tendencia reproducir en el baño la contorsión que los bebés debían soportar dentro del útero. Suena a planazo, ¿no?
Salir a las dos de la mañana de un cine de Gran Vía, antes de que los aniquilasen a todos con pistolas láser, y sentir que llegas a casa acompañada de la más extraña fauna humana era inquietante. Hacerlo del cine de un CC y encontrarte únicamente a limpiadoras que analizan el entorno con cara de homicidas medicadas es mucho más desolador. Entre la extrema vegetación del extrarradio, sus casas de dos pisos, sus piscinas perfectas y sus vecinos con polos de colores y los hermanos Alcázar con su brick de vino frente a la puerta de Madrid Rock, dudaré siempre con quien quedarme. Quelevoyhacer...
miércoles, 18 de agosto de 2010
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Como la vida misma.....
ResponderEliminarMe rio mucho con tus historias, que a la vez son las mias y las de tantas madres, te lo dice una que lo es por cuatro.
Me encantas, no pierdas ese sentido del humor.
¿Cuaaatrooo? wow! Tú si que eres una campeona!
ResponderEliminarMe alegro de que te divierta el blog! la risa es buena terapia!!