A mí no me apetece mucho... ¿Puedo no ir?
¡Claro! Quédate en casita y disfruta por un día, tonta, yo me llevo a Lasniñas.
Oooouuuuyeah!!! Tooodo un día para mí, para hacer lo que YO quiera. Para disfrutar de la casa en silencio. Para leer. Para escuchar música. Para verme una temporada entera de How I met your mother. O dos. ¡O todas!
¿Por dónde empiezo?... ¿Estás de coña?... ¡¡A la bañera!! La lleno hasta los topes y me sumerjo en un impresionante baño de espuma...Y yo que pensé que la bañera ya sólo servía como escenario para el barco de los clics. ¡Ay, cuán equivocada estaba!. Exfoliante. Mascarilla. Hidratante. Nutritiva. Algún producto más y tendré que llamar al Servicio de Atención al Intoxicado. Escurro tanto que podría apuntarme a una competición de bobsleigh en línea recta y ganar por tres cuerpos, claro que cuando me quite la ropa será como desnudar un tranchete, pero no me importa porque llevo torta. Ahora que caigo, es una lástima que la láser no me permita ya disfrutar de un buen tarro de cera caliente, como antaño, cuando los aullidos cerraban estas placenteras sesiones de peluquería y estética.
Finalizado el baño me doy cuenta de lo gozoso que habría sido escuchar a Los Ramones en el 90 de volumen mientras hacía el anfibio. Intentando subsanar tamaño olvido conecto el CD y bailoteo delante del espejo, como cuando tenía quince años. Está bien, y veinte... ¡Y ya! El efecto estético es demasiado chocante así que opto por tirarme en plancha a la nevera, abrir una cerveza y sentarme en la terraza a leer el periódico, que para eso no hay límite de edad. Repasada la actualidad, apoyo el codo en la barandilla, enciendo un cigarro, me mareo muchísimo y simulo una despreocupada conversación de barra de bar con un amigo imaginario. Antes de que me vean los vecinos vuelvo a mi asiento y ojeo las revistas, memorizando estilismos para los próximos seis meses, por si no tengo oportunidad de abrir otra en mucho tiempo. Me pregunto qué estarán haciendo Marido y Lasniñas. Les llamo. Al colgar siento ganas de llamar de nuevo. Expulso a empujones la idea de mi cabeza y me voy corriendo a meter el bajo de unos pantalones que llevan en el armario desde el 99 porque aún no he podido arreglarlos... Me tengo que dar prisa porque tengo que disfrutar de muchas cosas aún... Dejo los pantalones a medio coser al recordar que tengo que cortarme las uñas para no parecer más un guitarrista flamenco. Feliz con mis uñas cortas, me voy a cocinar un poco, que me relaja mucho. Hago seis docenas de flanes y salmorejo para toda la urbanización. De vuelta al salón, pongo la tele y paso los capítulos de la serie a cámara rápida. ¿Habrán comido ya Lasniñas? Noto que me estoy estresando. Otra cerveza y una lata de berberechos con mucho vinagre me devuelven a la realidad. Desempolvo la discografía completa de Sabina y recuerdo viejos tiempos cantando a voz en grito. Me callo. Cuánto silencio hay en esta casa, por dios... Busco el lado positivo y me desnuco en el sofá dispuesta a echarme una siesta excesiva para un adulto sano. ¿Se habrá llevado Marido el chupete? No por él, es más por Lapequeña, que montará en cólera y no dormirá su siesta ni narcotizada si no lo mordisquea un rato.
Me despierto horas después con unas ganas de dulce que ni Winnie the Pooh. Abro un paquete de Oreo y me acuerdo de las meriendas de Lamayor, en el parque, abriendo galletitas. Una lagrimilla incipiente me chiva lo mucho que les echo de menos. No puedo más con este silencio pordiosssss....¿Es que no piensan llegar nunca? Tratando de paliar el mono corro a su baño a oler el aceite Johnson y a tirar de la cuerda de esas mariquitas de madera que les regalaron LosReyes y que esconden en sus barrigas la música más chillona y repetitiva de cuantas tenga la SGAE. Hoy sin embargo me encanta. Tiro y tiro de la cuerda hasta que me veo a mí misma desde fuera y me asusto mucho. De pronto oigo a un bebé llorar y me asusto más aún porque temo empezar a enloquecer. Es en casa de los vecinos. Ay que ver qué suerte tienen algunos...
Vago por la casa como un alma en pena hasta que oigo la puerta del garaje y grito de alegría. Lamayor entra corriendo y me pregunta ¿Nos has echado de menos, mami? Sin darme tiempo a contestar, y a derretirme, la carcajada de Marido responde por mí. Qué rabia me da que me conozca tanto, oiga.
viernes, 20 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
no puedo evitar imaginarte delantelespejo haciendo circulos flamencos con la cintura, acompañándolos con mano que pinza con puntitas de indice y pulgar la camisa o pantalón, oyendo sabina, ramones o isidisi..
ResponderEliminarLa coreografía venía a ser más tipo Madonna, pero vamos, su visión resultaría igual de alarmante...
ResponderEliminar