martes, 27 de julio de 2010

De botellón en el parque

Llevaba un mes o dos intentando quedar con tres amigas de toda la vida y no había manera, oiga. La semana pasada, tras dos semanas de presiones, insultos y amenazas cruzadas, por fin lo conseguimos.
En lugar de vernos en La Caverna un antro rockero, carente de oxígeno y modales donde solíamos quedar antes, lo hicimos en el parque de la acera de enfrente, lugar mucho mas apropiado teniendo en cuenta que cada una de nosotras aportábamos dos nuevos miembros al grupo en forma de hijo menor de tres años.

M.E.M. 34 años, dos hijos varones y esperanzas de tener la niña algun día, llegó la primera cargada con una minimoto y un camión remolcador de dos ejes que tritura la arena que da gusto verle. Nada más llegar cogió sitio a la sombra, bajo el magnolio que antaño nos servía para apoyarnos y seguir andando en línea recta camino de casa.
A.M.M., 35 años y dos gemelos, cuatro si contamos los de las piernas. Llegó ojerosa y despeinada, lanzando bostezos al aire como si nos quisiera morder a todas.
E.G.G., 37 años, dos niñas, un embarazo incipiente y absolutamente feliz. Mi ídola. Llegó trotando detrás de las niñas con su barriga a cuestas como si no le afectase en absoluto el mal humor, el calor ni la retención de líquidos.

Una vez reunidas todas, sentadas bajo el magnolio, con los niños bípedos corriendo a sus anchas y los lactantes convenientemente parapetados en sus cochecitos, nos dimos quince minutos de tregua para el intercambio de fotos y exclamaciones tipo pero qué mayor/guapo/rico/rubio está tu hijo/a, pasados los cuales nos juramos no volver a hablar de niños. Teniendo en cuenta que estábamos rodeadas de ellos por todas partes, parecíamos condenadas a fracasar. Y lo sabíamos. Sin darnos apenas cuenta, AMM, madre de gemelos, se había quedado dormida recostada contra el tronco del árbol y nos amenizaba la conversación con un suave colchón musical a modo de sibilante ronquido.

Alguna comentó decidida...."bueno, que alguien cuente alguna novedad" ...seguido de un "no sabeis a quien vi ayer" ...e interrumpido por un "Pablitooooooo no te comas la arenaaaa"
Inasequible al desaliento, otra continuó... ¿Sabéis quien trabaja ahora con mi exjefe cuidadoconelcolumpioooooo? No! dinos! no, espera, ese es mi yogurt? No, dáselo tú, espera que la cuchara está llena de arena, sigue, cuenta, Martitaaaa suelta el pelo de ese niñoooo ¿En serio? ¿pero no se habia ido a hacer un master a Londres? Pásame las toallitas. Que va! lo dejaron hace un par de años y no se han vuelto a ver, por dios que alguien le saque la arena de la boca a Pablito. El sí se fue a Londres, o eso creo, pero ella sigue por Madrid... Espera, tu hija se está comiendo mis gafas de sol, no, si no me importa, da igual que me hayan costado 300 euros, es por ella, por si se hace daño...¿Quien se ha ido a Londres? Clarita por favooor, la caca de perro nooooo... ay, creo que le dado dos veces de merendar al mismo niño de AMM y el otro está muerto de hambre... hija haberle hecho una marca, como en la guerra...¡¡Del suelo noooo!! Pablitoooooo...

Mientras, en la acera de enfrente, un melenudo de torso bronceado empujaba palés llenos de cervezas hacia la puerta de La Caverna con una facilidad pasmosa. Estaban a punto de abrir, era viernes y habría concierto. En menos de una hora comenzaría la procesión de jóvenes recién duchados, sin preocupaciones y con toda la noche por delante. Entonces se hizo el silencio. Nos miramos y al instante comprendimos lo que dolería. Veloces cual experto top manta, metimos a hijos propios y ajenos en sus respectivos carritos y huímos del lugar como si nos persiguiese la policía. Al llegar al parking descubrimos que nos habíamos dejado a AMM bajo el árbol porque nos sobraban dos niños. A regañadientes me presté para volver a buscarla mientras el resto cuidaba de los gemelos, de Lamayor y de Lapequeña.

Bajo el árbol no había nada más que un cubo aburrido y una pala sin dueño. Ni rastro de AMM. Y de repente lo vi claro. Desde la cola que ya comenzaba a formarse delante de La Caverna, AMM me llamaba haciendo el molinillo con los brazos, totalmente eufórica tras hora y medio de sueño sin interrupciones.¡Una y nos vamos!, parecía gritarme en la lejanía. Miré hacia el parking y eché cuentas con los dedos. ¿Dos adultos cuidando de 8 niños?... ¡Suficiente! Una y nos vamos... Hu- Ha!

No hay comentarios:

Publicar un comentario