Al menos no como ésta.
Son las once de la mañana pero aún no sé de qué día. Deambulo por la casa en camisón y con zapatillas de deporte para asegurarme un calzado cómodo si en algún momento decido salir corriendo y no volver.
Desde la una menos cuarto de la madrugada, hora zulú, hasta las 8, hora de aquí, he debido apoyar y levantar los rulos de la almohada enemil veces, calculo.
Me acosté sin mucho convencimiento a eso de las doce y a las dos ya ganaba la tos de Lamayor a la de Lapequeña por 3 a 1. Al descanso se fueron, una pidiendo agua, y la otra llorando por el chupete perdido por sexta vez... que dime tú a mí cómo se puede perder un chupete con tanta frecuencia en una cuna de 1'10 x 70... Una buena amiga me recomendó hace ya tiempo comprar quince chupetes y esparcirlos por el colchón para ampliar las posibilidades de que el bebé topara con alguna unidad al perder la anterior. Mañana compraré treinta y dos, aún a riesgo de convertir la cuna en una piscina de bolas. Y sin son fluorescentes mejor, a oscuras me recordarán mis vigilias en Pachá.
A la tos de Lamayor le siguió 1 quiero agua y 3 dame más jarabe, peticiones ante las que sucumbí sin oposición ninguna, aunque no sin cierto temor a estar fomentando una adicción temprana al Romilar y otros derivados del dextrometorfano.
A las 5 de la mañana disfruté de una tregua silenciosa por espacio de una hora, pero estaba tan desvelada ya que sólo pude utilizarla para tragarme cuatro espacios de teletienda y, ya aprovechando, comprarme un Gymform Abdominator en oferta con un bañador fucsia de regalo y dos manguitos a juego.
Me habría gustado mucho poder pasar a cámara rápida esas horas incluyendo como banda de efectos la música de Benny Hill persiguiendo al calvo, eso habría reducido en algo mi penar e incluso podría haberme echado unas risas involucrando a Marido en el juego. Cuando a las ocho de la mañana las he oído gritar a las dos a la vez me he puesto como loca de contenta porque sabía que el suplicio de levantarme y acostarme como si de un ejercicio gimnástico se tratara, ya había terminado. Ahora sólo me quedan tres o cuatro cardenales por el cuerpo producidos por diferentes choques fortuitos contra las puertas que me flanqueaban el camino de una habitación a otra, como matones de discoteca. Andar corriendo con el pelo sobre la cara como si tuviese la peluca dada la vuelta siempre tuvo sus peligros.
Esta noche no me acuesto. Decidido. Me encerraré en el baño, daré al agua caliente hasta que el vaho no me deje ver y me conectaré a los cascos el directo de Sabina. Si tengo que volver a empalmar noche con día, prefiero hacerlo a la antigua usanza.
martes, 27 de julio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario