martes, 27 de julio de 2010

Fin de semana del horror

Doy gracias al cielo porque haya finalizado este fin de semana sin más bajas que mi régimen, mi paciencia y un par de figuritas de Lladró de casa de la abuela. Descansen en paz todos.

Llegamos a casa tardísimo después de la última comida-cena familiar. Marido lleva a Lamayor arrastrándola de los brazos como si fuese un policía deshaciéndose de un manifestante. Mientras, yo cargo el capazo de Lapequeña, dormida, gracias al cielo y a la ingesta reciente y masiva de un biberón cargado de leche con cereales. Nada más abrir la puerta detecto, ¡oh cielos! un extraño y añorado olor a silencio. Me acerco a la cocina despavorida, con los ojos en las manos, y descubro en la encimera una hoja de papel robada de mi cuaderno favorito y decorada con unos garabatos bailongos a modo de letras. Intuyo lo que dice pero hago como que no. Respiro profundamente y leo hacia mí misma y mis adentros. Remitente, la asistenta, Elvira (Colombia 1970) diciendo que vuelve a su país y que siente no poder cumplir su compromiso con nosotros. A su lado, lánguidas y desvaídas, las llaves de casa abrazadas en el llavero.

Temo empezar a hiperventilar así que me siento suavemente en el sofá y lloro con hipo pero de forma muy digna, ojo. Todo a mi alrededor comienza a desdibujarse: sombras que me hablan, me zarandean, se agarran a mis piernas y me llenan de pan las rodillas; sombras que lloran, gritan y apagan y encienden la luz como si estuviésemos en un after. Parece una peli de terror, pero de las malas; no sé si gritar asustada o reirme y abandonarme a mi esquizofrenia. Empiezo a enfocar cuando una frase de Marido me arranca del shock: ¡Anda, y encima no hay leche fría!

Me gustaría desaparecer, esconderme en una burbuja o en un pueblo de Palencia, y evitar así que me encuentren hasta dentro de muchos meses, cuando Lamayor haya superado ya la crisis por la llegada de la hermana pequeña y Lapequeña haya superado con éxito la dentición y, si me apuras, el bachillerato. Pero no puedo porque es tarde y hay que empezar con la serie diaria de baños, cenas y cuentos con final feliz.

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